Los “educadores” actuales inculcan (repitiendo con empeño) a sus
estudiantes una manera de pensar relativista, es decir, enseñan que lo bueno y
lo malo no existen por lo tanto la sociedad no debe estar regida por principios
o normas universales. Estos hombres o mujeres, en pocas palabras, buscan una
rebeldía que no es contra un sistema o un estado (no confundir) sino contra las
leyes divinas ya establecidas desde un principio por Dios.
¿Relatividad moral?... ¿qué paso con los principios?... esos
principios, que dieron origen a naciones ejemplares como Estados Unidos, se han
estado negociando por un conformismo a la maldad que se está expandiendo.
Ondelj y Bonaparte en su texto “el sentido común y el conocimiento
antropológico” dicen que “los
antropólogos piensan de manera diferente a otros”. La diferencia, según
ellos, radica en que estos individuos “deben
explicar lo que ya está explicado”. Según estos hombres, lo que ya está
explicado es una cultura que incluye el significado de los símbolos y su
sentido común, lo cual es importante para poder entender lo que hace el otro,
siendo útil esto como una herramienta en buenas manos. La cultura es un conocimiento
humano que el antropólogo transcribe para entender a este otro, pero a esta
“ciencia” no le importa generar cambios sino, por el contrario, busca que
permanezcan estables sus costumbres sin importar que estén practicando un rito en
donde un bebe este siendo sacrificado o una niña violada.
¿Explicar lo que ya está explicado?... Si es ese la labor de un
antropólogo entonces porque este individuo no explica que la verdadera razón de
que el hombre, sea de la cultura que sea, tenga costumbres aun vergonzosas de
mencionar es porque tiene un corazón lleno de maldad y odio.
Mónica Tarducci, actualmente docente e investigadora sobre la
antropología feminista, criticó fuertemente el trabajo etnográfico de John
Palmer, antropólogo (con doctorado en Oxford) y representante legal de la
comunidad Lapacho Mocho. En el canal Encuentro se hizo un documental llamado
“el etnógrafo” en donde se muestra el trabajo de Palmer en una comunidad wichi.
Tarducci critica este video y la justificación que usan varios antropólogos de
la violación de una niña wichi. En su texto “Abusos,
mentiras y videos. A propósito de la niña Wichi” plantea un problema grave
de los antropólogos: la relatividad moral.
Evidentemente la violación es un problema, y como problema debe tener
una solución donde el antropólogo primeramente debe comprender que la
relatividad moral no existe, pues hay leyes que Dios puso para toda la
humanidad y nuestra conciencia es evidencia de que nosotros, toda la humanidad,
sabemos qué está mal y qué está bien. La violación está mal y vemos en la
Biblia que Dios juzga este pecado como cualquier otro. El antropólogo debería
explicar esto, pues según Ondelj y Bonaparte es deber del antropólogo “explicar lo que ya está explicado” y
esto hace miles de años fue explicado.
Dios juzga más fuertemente a quienes saben hacer lo bueno, pero no lo
hacen. Mas Dios también es Amor y ese Amor incondicional fue el que permitió
que Jesucristo enviado por el Padre viniera a este mundo y muriera crucificado
por nuestros pecados: pasados, presentes y futuros, fue sepultado y al tercer
día resucitó, por el poder de Dios, obteniendo la victoria frente a la muerte
que nos gobernaba. Ahora nosotros, toda la humanidad entera, de todas las
comunidades o naciones étnicas, podemos ser salvos de esta condenación si
permitimos al Espíritu Santo entrar en nuestros corazones, creyendo en
Jesucristo, mas si rehúsas creer en el verdadero evangelio obtendrás la
condenación en las oscuridades de las tinieblas por la eternidad.
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