Las personas sordas han tenido un proceso histórico en
el que han sido llamadas o catalogadas como “sordomudas” ante la sociedad,
siendo vistas como personas con discapacidad que no se pueden comunicar
fácilmente con los oyentes, porque la lengua de señas no se conoce ni se
practica por todas las personas, al no ser parte de la cultura general de un
país. Por otro lado, las personas sordas a partir de los años 1990 han luchado
para que se les considere como sujetos con derechos y posibilidades y no como
personas “incapaces” y “discapacitadas”. Así que ellos se han considerado como
una cultura minoritaria lingüística y han expuesto ciertos argumentos.
Uno de los términos de cultura según Padden (1980) En
la cultura se dan ciertos comportamientos aprendidos por un grupo de sujetos
que tienen su propio lenguaje, valores, comportamientos y tradiciones. De
acuerdo con esta definición si se analiza desde un enfoque socioantropológico o
del mismo modelo social para los sordos la perdida de la audición, los
identifica como sujetos que tienen ese aspecto como parte de su naturaleza y
como rasgo de su comunidad y que no desean ser reconocidos por la falencia de
un sentido, sino que todas las personas tienen valor y deben ser tratadas y
concebidas del mismo modo sin importar las diferencias que existan entre los
sujetos. Entendiendo comunidad según Padden (1980) como un sistema social en
el que viven juntas y comparten objetivos comunes y responsabilidades entre
ellos. Es así como los sordos aparte de tener la perdida de la audición en
común, tienen también una lengua propia que los identifica como una cultura,
por ejemplo, como se podría denominar la cultura indígena en Colombia, hay
varios grupos de indígenas y su cultura se identifica por sus creencias,
ideologías y su lengua como la Wayuu, ellos hacen parte de Colombia están en el
territorio colombiano, pero no todos saben la lengua wayuu y aun así se les
conoce como cultura indígena. Ahora bien, los sordos han tenido una historia,
están ubicados en diferentes partes del mundo, habitando diferentes
territorios, aunque hablando particularmente de Colombia ellos no están en una
ciudad o pueblo especifico, sino que están esparcidos por todo el territorio
colombiano. Sin embargo, un aspecto particular que los caracteriza es su estilo
de comunicación y en este caso es la LSC (Lengua de Señas Colombiana).
La lengua se entiende también como parte esencial que
configura una cultura, así se entiende que la lengua de señas tiene su propio
sentido sintáctico, semántico y pragmático, es decir que la LSC cumple con una
estructura gramatical, no necesariamente exacta como el español, pero si tiene
un sentido comunicativo que es propio de las personas sordas. La comunidad
sorda comparte objetivos comunes, uno el de la pérdida auditiva en diferentes
grados según el diagnóstico médico, esto como naturaleza biológica y humana, la
otra es la ubicación, en este caso el sector colombiano, luego comparten una
comunicación, la LSC. Por estas razones los sordos se consideran una cultura
minoritaria.
Desde un punto de vista tradicional, como se mencionó
en un principio del presente documento, la persona sorda ha sido vista como
“discapacitada” ya que su limitación para escuchar afecta su aprendizaje, sin
embargo, desde una nueva mirada socio‐antropológica la persona
sorda es vista como una minoría lingüística y comienza darse una visión del
sordo como sujeto sociolingüístico que necesita diferentes estrategias
pedagógicas para su aprendizaje, haciendo de la lengua de señas la lengua
natural de la persona sorda. De esta manera la adquisición del lenguaje a
temprana edad y natural propicia un aprendizaje asertivo para el niño como es
el caso de niños sordos de padres sordos, generando un ambiente lingüístico
paralelo al de los niños y padres oyentes y haciendo que el niño sordo amplíe
sus capacidades comunicativas, formando una identidad social y cultura, sin
embargo, cuando el niño sordo no adquiere la lengua de señas de forma natural
se podría generar atrasos en el desarrollo cognitivo.
Partiendo de esta mirada socio‐antropológica se
encamina a la educación del niño sordo como sujeto bilingüe que, en su proceso
de adquisición de la lengua de señas, como primera lengua, va siendo parte de
una comunidad, de esta manera puede interactuar con sus pares sordos y el mundo
oyente generando una identidad por sus prácticas lingüísticas.
El
sordo bilingüe, entonces, presenta una configuración lingüística que resulta de
la conjugación de una lengua que pertenece a la sociedad mayoritaria que se
transmite en una modalidad oral y auditiva y otra lengua que se transmite en
una modalidad visual y gestual. Además de la cohesión de las dos modalidades,
el hecho de que estas lenguas no posean el mismo status social agrega rasgos
que caracterizan a este sujeto bilingüe (Veinberg, 2002, p. 7) [1]
Ahora bien, esta educación bilingüe‐bicultural permite a la persona sorda no solo hacer parte de una minoría lingüística y cultural, sino poder desenvolverse en el mundo de los oyentes por medio de la escritura y estrategias pedagógicas pertinentes para la población sorda, esta identidad cultural se puede ver reflejada en el comic que puedes visualizar más adelante, ya que Cedric, niño oyente de padre sordo, tiene como primera lengua la lengua de señas y así mismo se reconoce como minoría lingüística y cultural, en esta parte del comic es evidente esta identidad lingüística.

También se puede evidenciar la educación, esta
educación bilingüe, ya que Cedric si bien tiene la lengua de señas como lengua
materna, maneja el lenguaje oral y lectoescrito con sus pares y en casa con su
padre maneja la lengua de señas y se reconoce dentro de la comunidad sorda,
reconociendo el rol de cada integrante de la familia como el de su madre que es
interprete.
El modelo social, para los sordos, promueve una
identidad colectiva que tiene como tal la comunidad, siendo la lengua de señas
lo que hace que sean una minoría lingüística, dejando la discapacidad no en la
persona sino en la sociedad que los excluye de sus actividades corrientes.
Todos tienen un mismo valor sin importar su condición,
todos tienen dignidad e igualdad, el modelo social busca dignificar a los
sordos, como seres humanos que tienen mucho que aportar a la sociedad, la
discapacidad es exclusión de actividades corrientes de la sociedad.
Skliar hace una reflexión sobre el futuro de la
educación de los sordos que bajo el principio de realidad permite comprender
mejor algunas de las luchas de este grupo minoritario. Los sordos son una
minoría que sufre constante exclusión en diferentes procesos educativos
formales y no formales, porque en primera instancia la educación de los sordos
ha sido excluida del debate general de la educación.
La educación, por sí misma, debería reconocer la
educación de los sordos, no como un tema aparte, sino como una pieza de la
educación en general, para que el derecho a la educación sea consagrado con los
sordos, porque como en el comic se representa, así se sienten muchos sordos, no
comprendidos, sino excluidos del derecho de ser igual a los demás. Es de esta
manera que se hace imperioso combatir el individualismo que ha propuesto por
años un modelo terapéutico que ha sacado a muchos sordos de las aulas de la
sociedad para ingresarlos a internados que no les permite participar
socialmente.
La lengua es un elemento importante en la educación
para sordos, porque la lengua configura el lenguaje y el lenguaje se podría
decir que es un sinónimo de educación, pero esta educación cimentada en la
lengua de señas se ha ido separando de todo lo que le rodea, debido a políticas
neoliberales que hacen currículos discriminantes.
El saber de los sordos es necesario que sea reconocido
sin que esto signifique que sea separado de la sociedad, lo mismo ocurre con la
educación bilingüe para sordos, no puede convertirse en una propuesta educativa
que en un futuro haga que los sordos sean cada vez menos Sordos, sino, como
dice Skliar (1997) “La escuela bilingüe
debería encontrar en ese reflejo el modo de crear y profundizar, en forma
masiva, las condiciones de acceso a la lengua de señas y a la segunda lengua, a
la identidad personal y social, a la información significativa, al mundo del
trabajo y a la cultura de los sordos.” (p.5)
Promover el uso
de lengua de señas como primera lengua en el sordo es una condición que muchos
sordos han planteado para aceptar el bilingüismo, con el fin de no ser
vulnerados en sus derechos ni en su identidad, pero en la educación bilingüe no
existe un modelo universal, sino hay diversos, cada uno construido conforme a
factores sociales, políticas y económicos propios de su contexto.
La educación especial no puede ser vista como algo
aparte de la educación sino como parte misma de la educación, convertirla en
algo diferente es otra manera de fomentar la segregación a una población
minoritaria, por esta razón es que la evaluación necesita ser reestructurada.
La evaluación como un proceso formativo ha afectado negativamente mucho en vez
de ser un apoyo, buscando un control, pero es un trámite inevitable que no
puede ser anulado, pero si reformado.
La evaluación solo evalúa al alumno, no a la
institución ni a políticas del estado, dejando como resultado el señalamiento
apresurado que establece un juicio que dice a los sordos que no pertenecen a la
misma comunidad. Se necesita una educación más justa para los sordos, un
bilingüismo que no olvide los contenidos culturales de los sordos, una
evaluación que evalué sus producciones lingüísticas, habilidades en su lengua
oral, no para destruir, sino para construir una sociedad más social y justa.
[1]
Veinberg, S (2002) Perspectiva socioantropológica de la Sordera. Universidad de
Buenos Aires (argentina).
https://culturasorda.org/wpcontent/uploads/2015/03/Veinberg_perspectiva_socioantropologica_Sordera.pdf

Comentarios
Publicar un comentario