Son muchos los pésimos educadores, unos no se preocupan por sus estudiantes, otros les enseñan falsas ciencias o pseudociencias y otros no tienen ni la formación ni el deseo por el aprendizaje de sus estudiantes.
Los pésimos educadores desenseñan, como ellos mismos
dicen, hablan de lo que no saben con seguridad y blasfeman continuamente el
nombre de su Creador. A estos nada hay por rescatar, ni valorar, ni mucho menos
agradecer.
La verdadera autonomía consiste en ser responsable
con uno mismo y con los demás. Si nuestro hijo está siendo educado por uno de
estos maleducadores entonces pensemos hasta donde podríamos dejarlo en sus
enseñanzas y retirémoslo si lo vemos pertinente, y asi mismo con nosotros,
porque no conviene recibir una formación totalmente corrompida, una que no
educa sino que en su ideología quiere cautivarte a la maldad, al pecado y al
odio contra Dios y contra su Palabra, porque es necia. Sus discursos son
completas ironías porque se contradicen en sus mismos dichos, no tienen
coherencia sus enseñanzas, no creen en la verdad sino prefieren vivir en la
ignorancia, en la utopía de la falsedad y en los imaginarios de la maldad.
Es notorio que si estamos en clase el profesor se
convierta en una figura de autoridad, estando tan solo nuestros compañeros en
nuestro mismo nivel. Por tal razón si el profesor es el tipo de sujeto que no
escucha sino esta enceguecido en sus vanos razonamientos es preferible no recibir
su clase, porque no permitirá que lo contradigas, pero si es obligatoriedad en
tu carrera e institución educativa tener clase con este pésimo educador,
entonces “no prestes atención a lo que
dicen los que no creen en Cristo, ni a los que critican nuestras enseñanzas y
afirman tener la verdad.” 1 Timoteo 6: 20 (TLA), y “no hables a oídos del necio, porque despreciará la sabiduría de tus
palabras” Proverbios 23: 9 (LBLA), evitando vanas discusiones sino escucha
lo que dicen, retenlo como información (no como verdadero conocimiento) y
espera en el Señor porque Dios dispondrá de un tiempo para que les compartas de
su Palabra, por lo tanto, se paciente, porque “con vuestra paciencia ganaréis
vuestras almas.” Lucas 21: 19 (RVR 1960).
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