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PEQUEÑOS ESCLAVOS DE UNA GUERRA NACIONAL

 

En Colombia más que en simples conflictos estamos en guerras internas estimuladas por la adquisición de tierras. Estas luchas constantes que han dejado millones de muertos a través de estos últimos 70 años ha sido la barrera que ha impedido que nuestra nación avance, crezca y se desarrolle.

En relación con el conflicto armado ha habido múltiples miradas, como la de los conservadores, liberales, empresarios, campesinos, etc. Pero hay una que parece ser ignorada, la de los niños. Los niños son una víctima inmediata de este conflicto, pues sin querer ser parte de esta guerra han sido involucrados. Es necesario, por tal motivo que se aborde el conflicto desde el mismo conflicto y de quienes hacen parte de este, porque ya se han cometido muchos errores por querer solucionar la guerra desde una mirada lejana o eurocéntrica. Es así que definió Gabriel García Márquez, la situación en Colombia:

“Colombia es un país que tiene un pie en el Caribe y otro en los Andes, la mayoría de los que la gobiernan están en los Andes pero hay que ser consciente de que somos caribes y no nos podemos ver como un remoto país europeo.”

En nuestra nación se viven muchas desigualdades por haberse perdido la concepción de comunidad por aquella que nos habla de adversidad. Solo se mira cómo hacer caer al otro cuando se debiera ayudar al que lo necesita.

Los niños nacen con esa fragilidad que los hace ser fácilmente moldeables con respecto a su entorno, por lo tanto, carecer de un ambiente saludable los lleva a perderse en la tristeza y la decepción. Muchos de ellos han tenido que ver a sus propios padres asesinados, por causa del conflicto, cuando debieran estar disfrutando del cariño de ellos.

Estos niños han crecido en ese odio y rencor por una nación que los ha desplazado de sus hogares. Al ser adultos, siguen alimentándose por esta guerra, pareciendo todo esto ser un círculo que no tiene fin. Si el gobierno pensara primeramente en el bienestar de los niños dejaría de ser esa leña en el fuego, pero como dirigentes corruptos han buscado sus propios intereses antes que el de los pueblos.

Las amenazas, muertes y demás situaciones adversas han obligado a muchos campesinos a huir de sus propias tierras a ciudades como Bogotá. Pero nuestra ciudad no ha sido capaz de albergar a tantos campesinos desplazados por la violencia, por eso es que las ciudades se convierten en otro campo de batalla en el que sobrevivir es vivir.

Colombia no es una nación industrial sino es un país agrícola, cuya primera fuente de empleo debiera ser en el campo, pero el terror y el miedo ha impedido que eso ocurra. En vez de crecimiento ha habido decaimiento, los sueños se han olvidado y los niños lo único que desean es no morir o, algunas veces, prefieren morir que seguir viviendo en esa tortura que no les permite ser felices.

La infancia en los niños se va distorsionando por esa guerra que los arrastra a la violencia, por eso es que en Colombia es inminente una respuesta a tanta desesperación. Pues esto es como una bola de nieve que baja de una colina nevada, cada vez se va haciendo más grande el problema. Por eso la guerra en Colombia tiene que terminar ya, antes que sea demasiado tarde y la esperanza para este pueblo y para los hijos de esta nación se pierda totalmente.

Las personas que habitan este país y que nacieron en Colombia tienen una responsabilidad frente al conflicto armado, porque esto es un problema social, no de unos cuantos. Aunque no es nuestro deseo ser parte de la guerra en Colombia, lo somos, y, si no hacemos nada al respecto, lo seguirán siendo nuestros hijos, por lo tanto, es hora de que despertemos frente al horrendo caos que se está viviendo, antes que sea demasiado tarde.

Los indígenas y afrocolombianos son los que más sufren en esta guerra, pero son las voces menos escuchadas, al igual que los niños. El país ha dejado a un lado a las víctimas, pensando solo en los victimarios, ya sea para matarlos o perdonarlos, pero ¿Qué ocurre con aquellos niños que fueron violados en todos sus derechos? Nada. Tan solo el estado permitió que quedaran sin infancia, se lavó las manos y no hizo nada.

Las víctimas del conflicto han vivido una vida que nunca quisieron vivir, algunos han optado hasta por el suicidio, mas otros, cansados de vivir con resentimientos y con recuerdos que no les dejaban dormir han preferido perdonar, aunque estos victimarios no les hayan pedido perdón. No es fácil comprender a un niño que vio, con sus propios ojos, como mataron a su propio padre, mucho más difícil será consolarles, por lo tanto es, en este conflicto, la esperanza de una vida mejor la única fuerza que puede hacer resistir a cualquier pequeño y romper con este ciclo de guerra en nuestro país. Aun así, no debemos dejar de añorar la justicia para las víctimas, por estos niños que fueron despojados de su infancia por una guerra que nunca debieron vivir. Y en esa justicia seremos saciados, muy probablemente no en esta tierra, pero si en una mejor, en donde la gloria de Dios llena todo. Así como lo afirmó Martin Luther King en su famoso discurso “I have a dream”:

“Sueño que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano.”[1]

El conflicto armado en Colombia ha pasado de ser un problema interno a ser un tema de común interés en diferentes naciones. Son muchos los dirigentes que se han pronunciado frente a esta disputa por las tierras que ha dejado bastantes muertos en Colombia. El ex-secretario general de la ONU expresó ante el parlamente británico como la esclavitud sigue aún vigente:

“la esclavitud no puede ser relegada a los anales de la historia mientras hombres, mujeres y niños sean coaccionados, drogados, engañados y vendidos para realizar trabajos peligrosos y degradantes en contra de su voluntad”[2]

Estas declaraciones son las que develan la agonía de un país que aún no ha podido pronunciar libertad, pues siguen viviendo como esclavos de guerra en contra de su propia voluntad.

El narcotráfico ha sido la fuente de ingreso de estas mafias que por años han extorsionado al pueblo colombiano. El exterminio de tantos líderes y personas del común, como la señora de los tintos, el conductor de bus, hacen que un país se desborone poco a poco, llevándole al miedo, aun a salir de sus casas, por esa incertidumbre de ser asesinados. Esto ha sido el motivo de que muchas organizaciones se levanten en contra del terrorismo, luchando por una nación que pueda vivir en paz y tranquilidad. Bueno, al parecer son muchos los que tienen el mismo deseo de cambio en nuestra nación, pero el solo deseo no es suficiente, ni siquiera lo es el hacer marchas o cosas semejantes, sino es necesario algo mejor. No solo es expresar esos miedos, mostrar el problema, sino también es generar una propuesta frente a esa problemática que hizo a la guerra.

Las propuestas que empezaron con engaño terminaran siendo expuestas a la luz pública como tales, por lo tanto, es necesario ser sincero al proponer una solución, no solo buscando empatía por parte de quienes le rodean sino una respuesta coherente frente a lo sucedido, aunque disguste a muchos. El comunismo nunca fue una propuesta sincera al igual que el socialismo, pues aunque hablaba al corazón de la gente, nunca fue sincera a sus necesidades sino hizo más daño engañando a varios pueblos a través de sus sentidos, por tal motivo conviene examinar adecuadamente nuestro contexto actual y volvernos a pensar en todos esos conflictos y también en esas respuestas de grandes líderes para ver en que fallaron y que aporte nos podrían dar para llegar a esa única solución que estoy seguro que es imposible hallarla si dejamos a un lado a Dios, pues es Él el autor de toda la creación, por lo tanto no existe nada ni nadie que nos entienda mejor que Él.

El conflicto armado es una epidemia social que no solo ha acabado con personas sino con sus pensamientos, sueños, esperanzas, culturas y familias, violando todos sus derechos. La idea central de los derechos humanos es defender la libertad, la dignidad y la igualdad de todas las personas. Estos tres pilares definen los derechos humanos y estos tres han sido vulnerados por la guerra.

Las desapariciones forzadas, el sufrimiento de los familiares de quienes fueron secuestrados, como los seres humanos del palacio de justicia, son las secuelas de esta guerra que aún no termina. La memoria histórica que se ha buscado recuperar por medio novelas históricas que se han convertido en películas como: “NO” en Chile, “los girasoles ciegos” en España, “la noche de los lápices” en Argentina, entre otras novelas que aún no han sido representadas en el cine como “vivir sin los otros” del profesor Fernando Gonzales Santos, han sido olvidadas o simplemente ignoradas, llevándonos a continuar en ese ciclo de guerra que ha alimentado el corazón de nuestras naciones. En Colombia actualmente la sociedad y el estado continúan en un estado de transición, en el que aún no se reconoce la verdad, ni se ha hecho reparación ni mucho menos justicia a las víctimas del conflicto armado. Ese estado de transición lleva más de diez siglos, pues es desde que se pisaron estas tierras que el conflicto no ha terminado.

Nuestra nación urge en ser libre de ese yugo opresivo que, según Papachini es:

La lucha por el  reconocimiento de la dignidad incorpora así de manera paulatina las reivindicaciones ligadas con la satisfacción de las necesidades vitales y resulta solidaria de una nueva  concepción de la libertad como liberación del yugo opresivo de necesidades insatisfechas.[3]

La libertad, según nos enseña Ángelo Papachini es la que define los derechos. De acuerdo con lo que entendamos del concepto de libertad se plasmaran los derechos en la constitución. Pero podemos negociar la definición de varias de estas nociones de libertad diciendo que se refiere a una autonomía. En autonomía deberíamos llegar a un consenso definiéndola como la capacidad de tomar, con libertad, decisiones, pero ¿Cómo puede haber libertad de decidir en la eutanasia o el aborto? Este es el dilema de los derechos humanos, como el derecho a la vida, por lo tanto, concerniente a los derechos humanos, es muy complicado en nuestra época hablar de absolutos, pues estamos en una época de relatividades. Aun la moral se ha convertido en algo relativo, haciendo que la autonomía quede a expensas de esa subjetividad de cada ser humano. Pero, así como en un aula tienen que haber normas para que todos convivan sin hacerse daño mutuamente en nuestra nación tienen que respetarse esos derechos que tienen que ser absolutos, respetando la igualdad, libertad y dignidad del ser humano, cosa que se olvida en un conflicto armado.

Los derechos humanos nos enseñan que todos somos responsables de todos, por lo tanto, no podemos hablar del problema como si fueran de los otros sino también es de nosotros, porque en una sociedad todo problema es social. Aun así, el primer responsable de violar los derechos humanos, sin ninguna discusión, es el estado, pues es a quien se le ha delegado tal función.

Se dice que Colombia es un estado social de derecho, pero esta propuesta de 1991 se quedó en solo una propuesta que aún no es una realidad porque nuestra nación y constitución no está siendo construida por principios y valores, como la vida, sino aún se sigue viviendo en el terror. En primera instancia cada colombiano debería reconocer que ni aun en su familia se viven ciertos valores que nos encamina en el diseño original de Dios para el hombre, por lo tanto, se vive en el fracaso dejando a un lado las dimensiones del ser humano, la cual no solo se refiere a lo político y social, y, aunque esto es tema controversial para el mundo occidental, también está lo emocional y lo espiritual y en esta área nos referimos a nuestra necesidad de relacionarnos con Dios. Esa necesidad que no podemos satisfacer si primeramente no nos reconciliamos con nuestro Creador, porque las primeras leyes que quebrantamos fueron las de Él.

En el conflicto armado en Colombia no solo se ven las armas físicas sino aquellas que emergen de nuestra lengua, pues es en lo que decimos que se han librado grandes batallas o se han solucionado terribles conflictos. El lenguaje es muy importante en la resolución de conflictos porque es la herramienta con la que interactuamos unos con otros, pues es con las palabras que podemos matar o bendecir. Por tal razón es importante que exista un dialogo con todos los actores del conflicto, sin dejar a un lado la justicia, el juicio y la reparación.


El anterior texto ha sido extraído de la serie de libros de Educación de JUMVE que puedes encontrar en el siguiente link: https://juventudmasquevencedora.blogspot.com/p/libros.html



[1] Discurso “I have a dream” de Martin Luther King, pronunciado El 28 de agosto de 1963 delante del monumento a Abraham Lincoln en Washington, DC, durante una histórica manifestación de más de 200,000 en pro de los derechos civiles para los negros en los EE. UU. Recuperado de https://www.marxists.org/espanol/king/1963/agosto28.htm

[2] Annan, “Discurso del Excelentísimo Señor Kofi Annan, para las dos cámaras del Parlamento”, Sitio web UNOCD, [en línea], disponible en: https://www.unodc.org/unodc/en/about-unodc/speeches/ speech_2007_05_08.html, consulta: 17 de octubre de 2015 (T de la A.). Citado por BUSTAMANTE, V. J. (2015). Conflicto armado en Colombia. Humanos, 6. Kofi

[3] Angelo Papachini. LA NECESIDAD DEL RECONOCIMIENTO Y LOS DERECHOS HUMANOS.

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