El primer momento del currículo surge en la segunda mitad del siglo XX. Es en ese entonces que la educación institucionalizada atraviesa un proceso de mundialización con el eje céntrico en el currículo. En el caso alemán, el termino curriculum reemplazó el lehrplan (plan de enseñanza), aun así, continuó diferenciándose de la situación del Reino Unido y Estados Unidos al reconocer que la didaktik y psicología educativa eran campos claramente separados.
En el segundo momento, durante las décadas de 1960 y 1970, surge un
periodo de cambios en la enseñanza y el currículo en occidente. Dicho cambio es
ocasionado por las diferentes posturas teóricas cuyo objetivo principal
consistía en revolucionar la enseñanza. Esto generó reformas educativas en
Estados Unidos que supusieron una reorganización del currículo en pro de la
transformación de la sociedad.
A diferencia de los movimientos de la reforma educativa de la década de
1960 que se preocupaba más por los valores sociales y el contenido transmitido
en las escuelas, en la década de 1980 estos movimientos se centraron más en la
emancipación de los individuos, su autonomía y libertad, configurando de esta
manera un pensamiento crítico sobre los asuntos del currículo.
La supuesta autonomía y libertad que las academias empezaron a reclamar
no fue más que un libertinaje que conllevaba a un placer efímero a expensas de
otros, esa es la verdad, o si queremos estar más seguros podemos ver las
atrocidades que se cometieron en la década de los ochenta concluyendo no solo
en la proliferación de epidemias como el VIH sino de un corazón cada vez más
apostata y endurecido delante del Dios verdadero.
Las personas con discapacidad no son una maldición sino han sido una
prueba para muchos del amor de Dios, porque el Señor por medio de ellos nos ha
enseñado a la humanidad que es lo que tiene mayor significado en esta vida, lo
cual no está en esta vida sino en el esperar la Vida Eterna, tema que es
importante profundizar en las Escrituras (La BIBLIA) a través de la dirección y
enseñanza del Espíritu Santo.
Más de mil millones de personas en el mundo presentan alguna
discapacidad de las cuales 180 millones son jóvenes, es decir que uno de cada
diez jóvenes vive con alguna discapacidad (Croce N., UNICEF, 1999). Pero lo
paradójico es que es el grupo con discapacidad sobre el cual menos conocimiento
tenemos porque posee muy pocas investigaciones, siendo el grupo con menos
recursos destinados (sólo el 12 % de las organizaciones están dirigidas a
adolescentes). Si los adolescentes sin discapacidad física son tan diversos,
¿Cuántos más aquellos que viven con alguna discapacidad?
La adolescencia no es sólo una etapa de transición y cambios
madurativos sino es un periodo de fenómenos multidimensionales y diversos que
no deben ser ignorados. Este periodo de transición debe llevar al
reconocimiento del adolescente de sí mismo y de sus capacidades para comprender
e incluso modificar su entorno.
Los adolescentes con discapacidad comparten entre sí muchas similitudes
en relación a las necesidades de atención, necesidades psicológicas, sociales y
educativas y a las vivencias que atraviesan con sus familias.
Es muy común vislumbrar en ellos, aunque de distintas maneras, ciertos
trastornos emocionales ligados a la depresión.
Lamentablemente, debido a su alto grado de vulnerabilidad, son en un
gran porcentaje víctimas de diferentes formas de violencia (abuso sexual,
psicológico y espiritual), de bullying y maltrato. Y aunque tienen menos acceso
a los servicios de salud, educación, recreación y empleo que los demás
adolescentes sin discapacidad sus mayores problemas no se relacionan con lo
“médico” sino a lo social, cultural y económico.
Es importante entender la naturaleza de la discapacidad del adolescente
porque partiendo de esta comprensión podremos avanzar con mayor cobertura en el
conocimiento de sus capacidades. Y en ese camino podremos, como profesores,
definir la ruta de aprendizaje más conveniente para él o ella.
El adolescente en relación con su cuerpo recibe variedad de ataques por
el enemigo, el sistema, y por sus propios pensamientos. Estas preocupaciones
deben ser compartidas a sus seres más cercanos quienes deben brindarles el
mayor grado de seguridad, respondiendo con sinceridad cada uno de sus
cuestionamientos, enseñándole en amor su discapacidad, su diferencia corporal
con la mayoría y su belleza particular como persona. Es importante que el
adolescente con discapacidad comprenda su discapacidad, su singularidad, su
belleza y el amor que tanto le tienen.
“Al
principio no podía creer lo que me estaba pasando, pero después me dije que no
podía dejarme vencer por mi condición (…) Hay cosas que no controlás en la
vida, que no podés cambiar. Lo que sí podes controlar es cómo afrontás esas
cosas. ” Andy (tiene 20 año y
es una deportista paraolímpica)
La adolescencia es una etapa crucial para desarrollar en la persona su
autonomía, enseñándole a tomar decisiones, a afrontar retos, a ser
independiente en lo cotidiano. Por ejemplo, el adolescente ciego debe
desarrollar su independencia encontrándose solo con su bastón, o aquel que
tiene alguna discapacidad intelectual debe aprender a prepararse la comida.
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