La globalización según la Real Academia Española (RAE) “da a algo carácter mundial”, es decir abre las puertas para que cosas tangibles o intangibles sean parte en un todo. En un sentido histórico la globalización se fue acrecentando con mayor ímpetu desde la demolición del muro de Berlín, el cual dividía a un país en dos. El caso de Alemania es muy interesante porque después de ser demolido el muro, las políticas estatales no solo de Alemania sino del resto del mundo empezaron a compaginar de tal modo que surgieran organizaciones de control mundial como la ONU.
Las consecuencias de la segunda guerra mundial y de la
guerra fría entre Rusia y Estados Unidos han provocado un cambio estructural de
la economía y políticas de muchas naciones, las cuales se han vuelto más
competitivas y han reestructurado la soberanía del Estado. Según Beck & Borras (1998) “el Estado
nacional pierde soberanía y sustancia con la -tan pulcramente planeada-
separación de competencias en el marco del mercado común europeo, y esto en
todas las dimensiones” (p. 16).
La globalización tiene consecuencias tanto positivas
como negativas para una nación. Desde lo negativo se puede observar que la
identidad local-nacional de un estado-nación se puede ver afectada de manera
negativa por la competencia de mercados, producto de la globalización, debido a
que el campesinado como otros grupos locales al no poder contar con las
herramientas suficientes para entrar en tal competencia se ven excluidos de la
misma, llegando a ser desplazados paulatinamente, por lo tanto olvidados, lo
que desdibuja procesualmente las identidades locales para formar nuevas
identidades centradas en un todo, el mundo.
La identidad nacional actualmente se ve cohesionada
por el fenómeno social denominado globalización, donde tanto la competencia de
mercados como el auge de las TIC han proporcionado una aparente mejoría en las
condiciones de vida de muchos, pero también a perder ciertos procesos
culturales como la capacidad de una nación de poder ser autosuficiente, por
ejemplo de sembrar y mantener su propia tierra, debido a que la población
general ya no compra sus productos nacionales porque ven que tienen la posibilidad
de poder encontrar los mismos, de mejor calidad y mucho más económicas en una
empresa extranjera.
La pérdida de la identidad se ha venido perdiendo por
este fenómeno nuevo llamado globalización, el cual, según Castells (1999), es
un fenómeno
nuevo porque sólo en las dos últimas décadas del siglo XX se ha constituido un
sistema tecnológico de sistemas de información, telecomunicaciones y
transporte, que ha articulado todo el planeta en una red de flujos en las que
confluyen las funciones y unidades estratégicamente dominantes de todos los
ámbitos de la actividad humana (p.1)
El fenómeno de la globalización ha promovido nuevas
identidades a cuesta de perder antiguas, lo que ha sido tanto negativo como
positivo para el desarrollo (económico, político y cultural) de una nación. En
América Latina, por ejemplo, se ha visto que la globalización ha provocado
mayor marginación, opresión, pero también mayor resistencia, que en Palabras de
Castells (2005): “es una identidad que
estaba dormida pero que no se había expresado con toda la fuerza con la que se
está expresando ahora. Y la causa es que se articula como resistencia al
proceso de la marginación en que les sitúa la globalización de un cierto tipo”
(p. 17)
Es común observar que mientras algunos países se
benefician de la globalización otros quedan más excluidos, no solo eso, sino
que la identidad de unos está suprimiendo la de otros. Para los defensores de
la globalización, esta consiste en fortalecer la dependencia económica,
cultural y política entre los países dando la posibilidad a una creciente
economía, pero en muchos casos ignora los procesos en la educación según los
diferentes contextos, buscando generalizarla a tal manera que ignora lugares,
espacios y personas, como las personas con discapacidad.
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