En nuestra nación desde hace varias décadas atrás se han hecho diferentes programas que han tenido como tema principal la paz. Pareciese que la paz fuese el tema que más atrae a las personas y que más predican nuestros gobernadores, pero, sin duda alguna, es la que menos hemos disfrutado como sociedad. En nuestra sociedad se ha vivido una guerra sin precedentes, es decir, una estratagema que pareciese no tener comienzo, pero lo que sí es claro, es que aun continua, sigue viva y más latente que nunca.
Para nadie es una mentira que nuestra nación vive en conflicto, un
conflicto que se vislumbra más claramente en la política. Pero se ha desconocido
o, más bien, ignorado la semilla de esos problemas que han dejado a tantos
hijos huérfanos y a tantas madres desconsoladas. La semilla que ha originado
estas guerras que no respetan ningún derecho humano es el mismo corazón egoísta
del hombre que solo busca satisfacer sus propios intereses. Bien planteó
Boaventura de Sousa el problema de las guerras ha sido el deseo de una cultura
de dominar a otra. El etnocentrismo es la consecuencia de ese egoísmo arraigado
a un corazón que no busca sino solo el bien propio, pero el amor, ese amor que
solo puede provenir de Jesús, piensa en la otra persona antes que en sí mismo, por
lo tanto, es sacrificial no espera nada a cambio sino solo la satisfacción por
hacer lo correcto.
Nuestras naciones e instituciones educativas solo se han quedado en el
discurso de la paz, haciendo lo contrario a lo que dicen, educando a las
personas como robots o números, mas no como seres humanos.
Nuestra sociedad es una sociedad de la paz pero sin verdadera paz, y
seguirá siendo así hasta que no entienda el verdadero significado del amor que
trae la paz.
El anterior texto ha sido extraído de la serie de libros de Educación de JUMVE que puedes encontrar en el siguiente link: https://juventudmasquevencedora.blogspot.com/p/libros.html
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