No son los recuerdos los que se llevan el olvido, sino es el rencor
frente a hechos que no se quieren abandonar. La violencia es un huésped del que
nos tenemos que alejar.
La raíz de todos los males es el amor al dinero, es lo que nos enseña
la Biblia, lo podemos comprobar en nuestra cotidianidad. No somos seres
desarmados del mal, sino poseedores de un odio que reclama libertad pero que
nunca la obtendrá hasta que se humille completamente ante el Creador de todo el
universo.
La guerra es el resultado de corazones deseosos a hacer solamente el
mal, pero la paz es el deseo del que con amor mira a su prójimo como a sí
mismo. Es el amor la única ley de la misma ley del Creador, por lo tanto, son
solo quienes viven como máquinas de guerra los que no pueden participar de las
bondades que el amor de Dios ofrece a quienes con corazón sincero desean
conocerle.
La muerte está rondando en cada lugar de nuestro planeta, esperando a
quien llevarse. Hoy, podrías ser tú, recuerda que ella no respeta condiciones,
estratos, ni nada, por lo tanto, es ahora mismo, este mismo momento, el tiempo
oportuno para pensar en un mejor lugar después de la muerte.
En Israel, según nos narra la Palabra de Dios, hubo un tiempo en el que
hombres, mujeres y niños eran esclavizados por los egipcios, por lo tanto, ante
el clamor de ellos a su Dios, el Señor envió a Moisés para libertarlos de mano
de sus enemigos y envió a la muerte para que se llevara a todos los
primogénitos que en Egipto se encontraban, menos a quienes tenían en sus
dinteles la marca de sangre de un cordero. Y así fue, no murieron aquellos
hijos que tenían el sello de la sangre de un cordero.
El suceso histórico que hasta nuestros días Israel sigue recordando y
lo conmemora anualmente en la fiesta de la pascua, es un hecho que nos dice
algo aún más profundo y poderoso que solo Dios puede hacer por el hombre, el
librarlo de la muerte si su corazón es sellado con la sangre del Cordero de
Dios que ha quitado el pecado del mundo.
“Y la paz de Dios, que sobrepasa todo
entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo
Jesús.”
Filipenses 4: 7
La libertad y la paz son dos necesidades que, el hombre que vive en
esclavitud, reclama día tras día, pero es imposible que tengamos libertad y paz
si primeramente no nos reconciliamos con Dios, pues por nuestros pecados nos
hemos alejado de su eterno amor.
Los negros vivieron como esclavos, torturados y humillados por sus
opresores, las mujeres menospreciadas y despreciadas por sus propios maridos,
los indígenas violentados por quienes querían apropiarse de sus pertenencias y,
esta historia de violencia, se sigue repitiendo, como si los antecedentes
históricos no valieran algo. Es importante que recordemos las masacres que se
han perpetuado en nuestras naciones, los crueles ataques entre los mismos seres
humanos que no han dejado más que las secuelas de la agonía. Es esta memoria la
que nos debe hacer recordar quienes somos. No somos seres que nacimos en
libertad sino en esclavitud. Somos esclavos desde nuestro nacimiento a la
maldad y perversidad. Somos esclavos que necesitan reconocer que solo en Cristo
Jesús se encuentra la verdadera libertad. Libertad del pecado, del miedo y de
la muerte que antes nos gobernaba.
“Porque vosotros, hermanos, a
libertad fuisteis llamados; sólo que no uséis la libertad como
pretexto para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque
toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: AMARAS A TU
PRÓJIMO COMO A TI MISMO”
Gálatas 5: 13- 15 (LBLA)
El anterior texto ha sido extraído de la serie de libros de Educación de JUMVE que puedes encontrar en el siguiente link: https://juventudmasquevencedora.blogspot.com/p/libros.html
Comentarios
Publicar un comentario