La paz que se nos anuncia en nuestras naciones no es la que en verdad necesitamos. Nuestro pueblo está pidiendo con urgencia una paz genuina que en verdad cambie al ser de la indiferencia por uno que en verdad haya comprendido el significado del amor. Colombia es un país de muchas guerras, de conflictos internos, esos mismos que se viven en los hogares. No es una educación para el trabajo, ni el trabajo la respuesta a estos desastres sociales, sino es la transformación de cada ser que fue creado para amar y esa transformación solamente la puede hacer Jesucristo en los corazones que con arrepentimiento van ante El y lo confiesan como su Señor y Salvador.
LA PAZ QUE TRANSFORMÓ A DERICK
En la región más inhóspita del universo existía un pequeño
planeta llamado Torra. En el que habitaban seres muy extraños, estos eran
grandes, sus rostros se asemejaban al de lobos, sus dientes al de tiburones y
sus brazos y pies eran como de grandes osos. No razonaban ni pensaban sino lo
único que les importaba era sobrevivir. Se mantenían vivos gracias a la
desconfianza que se tenían unos a otros, por lo tanto no se miraban, a menos
que se comieran, ya que el valor moral de Torra era la indiferencia. Todos
estos seres extraños tenían cuevas que los apartaban de los demás y un lugar
gigante que ocupaba casi la mitad de este planeta. En este sitio aprendieron a
desconfiar, a pensar en sí mismos y a matar para sobrevivir, por lo tanto lo
llamaron “Centro de Consumismo y de
Deformación”.
Derick fue un niño que nació allí y se crio como todos los
demás, bajo el dominio del miedo. Él tenía 8 años cuando con sus ojos grandes
miró por vez primera a otro ser extraño pero vivo, como él. Y siguiendo sus
instintos, lo agarró rápidamente con sus garras, las clavó en su cuello y se lo
comió. Aunque alrededor habían muchos seres, ninguno decía algo ni miraban sino
preferían seguir viviendo bajo la indiferencia. Derick llegó a su cueva, en
donde vivía junto a sus padres y lloró por largas horas. Nunca se había
escuchado lamentos de igual manera en la historia del planeta Torra y aunque
hacia grandes gemidos nadie le consolaba, ni le preguntaba por su bienestar
sino lo ignoraban como normalmente lo hacian.
Derick corrió lo más rápido que podía con sus cuatro patas
porque quería escapar de ese horrendo mundo llamado Torra. Lejos, muy lejos, de
su cueva llegó y después de respirar muy profundo una sonrisa de su rostro
salió. Levantó su mirada a su alrededor, no había nadie, estaba solo, hasta que
vio a lo lejos algo que parecía resplandecer, entonces corrió y corrió hasta
llegar a aquel lugar. Al llegar allí observó en ese resplandor un rostro; unos
ojos que miraban con desconfianza, unos dientes en los que se veía sangre y una
nariz muy grande que parecía estar olfateando. Este rostro era el suyo. Derick
estuvo días, semanas y meses mirando su rostro, tocando sus ojos, dientes,
nariz y esas pequeñas orejas que parecieran no existir. De repente miró hacia
arriba y observó lo pequeño que era ante la grandeza del universo. Se
entristeció, se arrodilló y se dejó caer ante el resplandor que le hacía ver su
rostro. Al sumergirse a las profundidades del agua de donde provenía su reflejo
no podía respirar pero tampoco quería, por lo tanto murió. Al morir se acordó
de su planeta y de la indiferencia de los seres que con el moraban. Una luz muy
fuerte se acercó a él y le llevó a recordar que no siempre hubo indiferencia en
este planeta. Miles de años atrás estos seres se amaban, se cuidaban y se
respetaban. Derick se despertó de esta muerte totalmente diferente, fue a su
cueva, donde estaban sus padres y les contó todo lo ocurrido, lo que había
visto, palpado y escuchado. También anunció a todos los seres de este pequeño
planeta lo ocurrido. Sin excepción alguna los seres extraños de Torra fueron
donde había estado Derick y murieron a la indiferencia, pero despertaron a la
reconciliación, a la paz y al amor.
La anterior historia es obviamente de ficción, la cual
pretende ser una ilustración de la realidad humana, su condición pecaminosa en
la que se ha pervertido de tal manera que se ha conducido a su propia
condenación, aun así el ser humano tiene la posibilidad de ser regenerado por
el poder del evangelio. Ahora como profesores debemos pensarnos como seres que
necesitamos formación integral y, así mismo, mirar a nuestros educandos, en
esperanza, como aquellos que renacerán en verdad, paz y armonía con Dios únicamente
por medio de la fe en Jesucristo.
El anterior texto ha sido extraído de la serie de libros de Educación de JUMVE que puedes encontrar en el siguiente link: https://juventudmasquevencedora.blogspot.com/p/libros.html
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