La iglesia debe posicionarse en esa unión de unos con otros por la
sangre de Jesucristo e ir a aquellos que están perdidos, sin orientación. Cada
uno de nosotros, debe motivar a la iglesia, a obedecer el mandato amoroso de
Dios:
“Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda
potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced
discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y
del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os
he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del
mundo. Amén.”
Mateo 28: 18-20
La llamada “gran comisión” es entregada a la Iglesia, a cada persona
que ha creído en Jesucristo. Es así que se anima a cada hijo de Dios a obedecer
el mandato de Dios de anunciar su Palabra, siendo importante, en primer lugar, que
cada uno fortalezca su relación personal con Dios.
1. DEBO EMPEZAR POR MÍ
Cumplir el mandato primeramente siendo discípulo de Jesucristo, esto es
posible cuando entablo una relación cercana y constante con Dios
2. CONTINUAR CON MIS PRÓJIMOS
Mis prójimos son los más cercanos a mí, a ellos debo compartirles del
amor de Dios y orar por ellos, si es posible instruirles para que sean
discípulos de Jesucristo
3. LA IGLESIA
Debo darme a conocer en la iglesia y colaborar con lo que más pueda
- Empezar por la iglesia local
1. los más cercanos en la iglesia local
2. las autoridades espirituales: exhortarles en amor e incentivarles a
perseverar en el verdadero Evangelio (a la luz de las Escrituras)
Luego de ello, sin dejar de hacer o continuar persistentemente con lo
anterior, ir a otras congregaciones con la cobertura primeramente de Dios,
representada por mis autoridades espirituales, si Dios así lo quiere, y
motivarlos exhortándolos a llevar a cabo con amor la Gran Tarea de hacer
discípulos a todas las naciones del mundo bautizándolos en el nombre del Padre
y del Hijo y del Espíritu Santo.
Cada iglesia local en Colombia tiene diferentes contextos aunque un
mismo sentir que naturalmente deber ser el de Jesucristo, por ello la
estrategia para cada iglesia local es particular en cuanto a lograr que estas
puedan romper, con el poder de Dios, los muros del denominacionalismo y otras
doctrinas de hombres, para poder posicionarnos con firmeza en esa unidad que
tenemos unos con otros en Cristo Jesús y así lograremos el objetivo juntos de
llevar el mensaje de salvación a toda criatura en el mundo
Colombia por décadas ha sufrido el conflicto armado y la corrupción en
el gobierno. Colombia necesita a Dios pues a causa de sus rebeldías es que la
guerra, la aflicción y la confusión aún perduran y cada vez será peor si como
pueblo no nos humillamos para que el único y verdadero Dios, el Dios de la
Biblia, nos redima por el precio de la sangre de Jesús. Solo yendo ante El en
obediencia, no dedicándonos a nuestras casas antes que a Dios (como hizo Israel
en tiempos de Hageo) sino dedicándonos a Dios, a lo que Él quiere, que es
arrepentimiento es que obtendremos la mejor conclusión.
La iglesia colombiana tiene muy poca participación en el evangelio. El
mundo tiene gran necesidad del Evangelio. Recibamos el evangelio, anhelemos el
evangelio y perseveremos en el evangelio para que el poder de Dios sea
manifestado a través nuestro.
Como colombianos que residimos en nuestra nación, y como misioneros que
han sido enviados por Dios a nuestra nación debemos comprender que en Colombia
siguen existiendo muchas regiones donde existe un fuerte conflicto armado. Un
conflicto armado que no nos debe hacer huir sino debe llevarnos a obedecer el
propósito con el cual fuimos enviados.
Existen muchos ejemplos de personas que vivieron según la voluntad de
Dios, entregando sus vidas por la causa de Jesucristo y el evangelio. Uno es el
de Stanley, contado en el libro “Señores de la tierra”.
Stanley Alberto Dale fue un obrero llamado a predicar la Palabra en el
pueblo Yali ubicado en “Irian Jaya” (antes “Nueva Guinea Holandesa”). La gente
de este pueblo era de piel negra y brillante por la grasa del cerdo, su dios
era llamado kembu y la wene melalek eran las leyes que los dominaban.
Stanley, antes de vivir en Cristo, creció instruido por una poesía
llamada “Si…” de Rudyard Kipling:
SI... (KIPLING)
“Si puedes mantener en su lugar tu cabeza
cuando todos a tu alrededor,
han perdido la suya y te culpan de ello.
Si crees en ti mismo cuando todo el mundo duda de ti,
pero también dejas lugar a sus dudas.
Si puedes esperar y no cansarte de la espera;
o si, siendo engañado, no respondes con engaños,
o si, siendo odiado, no te domina el odio
Y aun así no pareces demasiado bueno o demasiado sabio.
Si puedes soñar sin que los sueños te dominen;
Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;
Si puedes conocer al triunfo y la derrota,
y tratar de la misma manera a esos dos impostores.
Si puedes soportar oír toda la verdad que has dicho,
tergiversada por malhechores para engañar a los necios.
O ver cómo se rompe todo lo que has creado en tu vida,
y agacharte para reconstruírlo con herramientas maltrechas.
Si puedes amontonar todo lo que has ganado
y arriesgarlo todo a un solo lanzamiento ;
y perderlo, y empezar de nuevo desde el principio
y no decir ni una palabra sobre tu pérdida.
Si puedes forzar tu corazón y tus nervios y tus tendones,
para seguir adelante mucho después de haberlos perdido,
y resistir cuando no haya nada en ti
salvo la voluntad que te dice: "¡Resiste!".
Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud.
o caminar junto a reyes, y no distanciarte de los demás.
Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.
Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado.
Si puedes llenar el inexorable minuto,
con sesenta segundos de lucha bravía...
Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más: serás un hombre, hijo mío.”
Stanley, aunque no sabía lo que realmente quería decir el autor con
esta poesía, la tenía presente todos los días. A los 17 años de edad leyó un
librito llamado “4 cosas que Dios quiere que usted sepa” y ese mismo sábado (14
de Noviembre de 1933), en una reunión de jóvenes que lo habían invitado,
Stanley le entregó su corazón a Dios.
Stanley finalmente comprendió que el poema de Kipling trataba sobre
Dios y sobre Jesús, su Hijo.
“De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y
los que en él habitan.”
Salmos 24:1
En 1944 Stanley completa su periodo de servicio militar y regresa a
Australia donde termina sus estudios en el colegio Bíblico y misionero de Sídney.
Luego va a un viaje de evangelización a Tasmania con William Tate.
El 5 de Noviembre se casa con Patricia McCormarck y en Agosto de 1950
nace su primer hijo, al que pone por nombre David, pero un mes después de su
nacimiento David enferma y muere. Esto y otras muchas dificultades empezaron a
llegar a esta pareja, pero acaso ¿Dios se había olvidado de ellos? ¿Por qué no
podían evangelizar sin que se presentaran estas tribulaciones?... Bueno, el
Señor nos advirtió en su Palabra que este mundo es un mundo caído por el
Pecado, es un mundo lleno de corrupción, que nosotros pasaremos dificultades,
tribulaciones, pruebas, tentaciones pero no tengamos miedo sino confiemos en el
Señor porque El ya venció.
“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis
paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”
Juan 16: 33
Tiempo después Stanley y Patricia junto a Bruno de Leeuw fueron
enviados a una tribu no conocida, no evangelizada; concediéndoles el Señor un
buen deseo que desde hace tiempo tenían en su corazón.
En el valle desconocido, en este pueblo no evangelizado, se propagaba
cada vez más la guerra. Stanley se mejoró y fue donde los yali para enseñarle
el amor del único y verdadero Dios. Luego de ello fue junto a su esposa a
visitar a algunos misioneros para animarlos a continuar con esta preciosa obra.
“… y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto?
Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de
estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el
mar, y todo lo que en ellos hay.”
Hechos 14:15
Stanley y Patricia sintieron una profunda tristeza por la muerte de
Yekwara y Bengwok, dos hombres asesinados a causa del evangelio, pero sintieron
un mayor profundo gozo al ver la Iglesia de Cristo establecida entre los yali y
esto mismo le manifestaron a sus colegas de la misión
Stanley al ver la fe genuina de los yali, resolvió tan rápido como fue
posible bautizarlos. Luego de bautizar a los yali, ellos cantaban alabanzas a
Dios en su propio idioma.
“No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí,
el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y
tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la
corona de la vida.”
Apocalipsis 2:10
Lo anterior fue un breve resumen de la historia de Stanley contada en
el libro “señores de la tierra” de don Richardson. Te recomiendo leer este
libro, pero aún más seguir el ejemplo de Stanley y no conformarte a este mundo
sino renovar tu entendimiento únicamente con la palabra de Dios, porque la Palabra de Dios es la única que puede
renovar nuestra mente.
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