La escuela es una institución que no siempre ha existido, dejando como resultado un montón de cuestionamientos, como: ¿será que es necesaria? ¿Es parte de la vida? ¿Es buena? ¿Es mala? Las familias y educadores se hacen estas y muchas otras preguntas, día tras día, no obteniendo una respuesta adecuada. Mas no debemos olvidar que en la escuela no solo se recibe información, que por cierto no toda es cierta, sino que en esta se aprende a convivir con otras personas, a formar el carácter, a evaluar el aprendizaje integral al compartir con otros, etc. Es por tal razón que la escuela es un centro de entrenamiento que nos da la oportunidad de compartir más cercanamente con otros, por lo tanto no es buena ni mala, es tan solo una oportunidad más, que nos hace bien si nuestro enfoque está en Cristo, mas nos hará mal si nos enfocamos en los otros, porque esos otros, al igual que nosotros, fallan.
La escuela alguna vez fue pensada como ese lugar
de refugio donde el niño y el adolescente pudieran formarse y desarrollarse a
fin de poder enfrentar la perversidad del mundo, mas actualmente nos es difícil
pensar en escuelas que en verdad se ocupen del bienestar de sus estudiantes.
Un profesor es un humilde investigador diligente
que enseña con claridad y con orden, por tal razón no debería llamarse ni
siquiera profesor aquel que bajo la arrogancia improvisa, supone, echa carreta,
porque aquel no enseña sino su propósito es desenseñar y maleducar.
Los problemas de la adolescencia deben ser
resueltos en la institución de forma coherente. Es incoherente que la educación
escolar en su curriculum tenga asignaturas que nada aportan al individuo en
etapa de adolescencia. Estas asignaturas o materias son puestas para hacer del
adolescente un individuo de la industria, sin carácter y conformista en vez de
un ser humano. Es necesario replantearnos el valor de la escuela en nuestra
época, y empezar a abogar frente a las verdaderas problemáticas en la adolescencia,
como la identidad sexual, histórica, principios bíblicos, etc. E incentivar por
medio del precioso mensaje de la Biblia a permanecer en integridad, a luchar
contra la corrupción, a ser un sujeto coherente entre sus dichos y hechos,
procurando agradar a Dios sobre todas las cosas. El adolescente debe reconocer
por medio de la Biblia su necesidad de Dios en vez de seguir en una
religiosidad, siendo sincero ante su Creador, y autóctono en su entorno.
La escuela se ha convertido hoy día en un centro
de batalla entre grupos de personas, un lugar que busca la deformación de los
individuos, y un centro de reclutamiento que uniforma a las personas, por lo
tanto es un lugar de oscuridad con gran necesidad de aquella luz [1]que
da verdadera libertad.
[1] En cuanto a luz no me refiero
a una luz que proviene del hombre sino del mismo Dios, es la luz del amor que
se ve reflejado en cada palabra del invencible Dios.
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