La perseverancia, la puntualidad y la diligencia son los tres factores
principales de la disciplina, y en estos tres los que más erran son los
adolescentes y los jóvenes de nuestra cultura occidental.
Como jóvenes tenemos la fuerza, pero no la perseverancia, tenemos las
ganas pero nos falta la puntualidad y la diligencia, es por tal razón que somos
buenos en los deportes y no en los compromisos. En un partido de futbol te
demoras un promedio de dos horas, en donde hay un equipo ganador y uno
perdedor, pero en los compromisos como el matrimonio no es algo de horas sino
hasta la muerte, siendo un camino que debemos transitar por la fe en vez de por
la vista porque los resultados no son inmediatos sino a largo plazo, siendo el
mejor ejemplo los mártires quienes no obtuvieron recompensa en la tierra porque
esperaban una mejor en la eternidad.
El tiempo no debe controlarnos más, debemos dejar de mirar la hora cada
dos segundos porque estamos perdiendo la mitad de nuestra vida al frente de un
reloj, y más bien miremos a Cristo. Si ponemos nuestra mirada en Jesucristo no
solo descansaremos sino seremos formados por nuestro Señor integralmente, quien
es también nuestro verdadero Maestro que nunca falla, porque El cuida nuestro
tiempo, nos forma en disciplina y completara la obra que comenzó en nosotros,
quienes hemos creído en El. Dios nos ve como joyas preciosas, siendo nuestras
actitudes tan malas, de la misma manera debemos ver lo bueno de nuestros
compañeros, estudiantes y profesores.
Necesitamos enseñar en amor más que en disciplina, para entender que
ser maestro es pensar en la otra persona. Se nos ha olvidado el valor de la
empatía porque en nuestras escuelas se ha perdido este concepto debido a las
vanas filosofías, mas es necesario retomar este valor que nos habla del amor.
El amor es mayor que cualquier conocimiento por eso es que debe ser la
principal característica en la educación. Tenemos que pensar en aquel que no
puede hablar, que no puede escuchar, que no puede tener la disciplina que
quisiéramos, porque tiene alguna discapacidad, deficiencia o trastorno físico
que lo hace diferente, pero no peor, que nosotros. No le debemos tener lastima
sino prestarle atención no ignorando sus necesidades sino estando muy atentos
en su desarrollo integral más que en una mera fachada de disciplina.
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