En esta época en donde se habla mucho del empoderamiento de la mujer y
gran cantidad de discursos feministas es importante reconocer el verdadero
significado de cada uno de estos alegatos que en esencia no buscan la
dignificación de la mujer sino todo lo contrario.
La norteamericana Louise May Alcott (1832-1888) escribió un texto
narrativo muy interesante llamado “mujercitas”. Este libro recoge valores de un
periodo victoriano que encierra, de manera particular, el papel del hombre y de
la mujer.
El hombre de la casa era quien iba a la guerra, en este caso el padre
de estas 4 mujercitas llamadas Meg, Amy, Beth y Jo. Ellas estaban muy
orgullosas de su padre, pero tenían miedo de no poder volverlo a ver. Un día su
padre le envió una carta a su esposa en la que denotó su corazón lleno de
ternura hacia sus hijas:
“Dales un beso de mi parte y transmíteles mi
profundo amor. Diles que pienso en ellas cada día, que oro por ellas cada noche
y que mi mayor consuelo es su cariño. Esperar todo un año antes de verlas
parece imposible, pero recuérdale que si llenamos la espera de trabajo, estos
días difíciles no habrán sido un tiempo desperdiciado. Sé que recordaran todos
mis consejos, que serán cariñosas contigo, cumplirán con sus obligaciones,
lucharan contra sus malos pensamientos y se convertirán en unos seres tan
hermosos que, cuando vuelva, podre estar más orgulloso que nunca de mis
mujercitas”
La historia narrativa de Alcott recobró la importancia de aquellos
valores perdidos que dignificaban tanto al hombre como a la mujer. El papel de
la madre no se mostraba horrorizado sino se le daba un lugar privilegiado en la
sociedad, como la misma Biblia nos lo enseña:
“La mujer sabia edifica su casa;
Mas la necia con sus manos la derriba.”
Proverbios 14: 1
El cuidado de un hogar y de una sociedad está en la mujer sabia, que
teme a Dios. Ella en verdad es digna de respeto y de honra no solo ante su
marido sino también entre las personas. Ahora pensemos esto mismo en otros
contextos.
El corto texto “mujer y mundo árabe”[1]
pareciese mostrarnos un mundo musulmán desconocido y más cercano al feminismo.
El ideal de mujer en el contexto musulmán abogó por la liberación
femenina, así es que el centro Mohammed VI para el dialogo de civilizaciones
(2016) nos lo confirma “el corán como un
importante instrumento a favor de la liberación de la mujer”. A diferencia
de la Biblia, el corán enseña una moralidad totalmente arraigada al humanismo,
porque el centro de sus enseñanzas se basa en el buen obrar del hombre para el
hombre, según lo que ellos entienden como buen obrar, mientras que la Biblia
enseña a Jesucristo, solo a Jesucristo.
El feminismo ha pasado de ser una filosofía a un estilo de vida natural
para la mayoría. Así lo confirma Bridget Christie:
“...la gran pregunta no es ¿eres feminista?, sino
¿acaso no eres feminista? Ser feminista debería ser nuestra actitud por
defecto. Algo que se da por sentado”[2]
Ser feminista pareciera ser más una moda que una convicción, aunque
podríamos decir que son las dos, una moda y una convicción errada, porque solo
desea acceder a un grupo determinado y a una posición social especial que es
ilusoria, basada en la vanidad de la vida.
Noral Carbonell Muñoz, como muchas mujeres piensan, escribió en su
texto titulado “salmo único” a Dios:
“…no es tu cuerpo, son los nuestros…”[3]
Su frase da cuenta de un pensamiento común en esta época, aquel que
dice: tú, no Dios, eres el dueño de ti
mismo. El fin último del feminismo y de cualquier religión o filosofía es
ocupar el lugar de Dios. El mismo deseo de satanás. Una ambición que nunca será
satisfecha.
El libro de Gaarder “el mundo de Sofía”[4]
a diferencia del de mujercitas, muestra a una sociedad llena de incertidumbres
por tantas filosofías, personas en silencio y tan mecanizadas que a veces se
cuestionan si son de carne y hueso porque ya ni sentimientos parecen tener.
Esta es la sociedad que se está formando a nivel global.
Las personas tienen más de un mundo, pero ninguno es real, por eso
inventan, convirtiéndose en soñadores que irrumpen principios y degradan lo
real. La mujer es una realidad que no puede ser inventada sino tan solo
descubierta en su virtud.
Edgar Allan Poe fue uno de los precursores de estos imaginarios que
promovió la creación de un mundo lleno de mentiras. El plasmó su ideal que
convenció a muchos en sus poemas que en resumidas cuentas dicen “todo los que vemos o creemos ver no es más
que un sueño dentro de otro sueño”. Este mundo de fantasías que han creado
muchas personas terminara decepcionándolos a menos que se aprenda a disfrutar
de lo que es real y es verdad.
La mujer no puede ser el centro de la sociedad, si es que se quiere una
sociedad que tenga principios sólidos, eternos, llenos de verdad y amor, ni
tampoco el hombre. Es, por esta misma razón, que se hace necesario el pensarnos
en una sociedad en donde no viva el yo sino “El Gran Yo Soy”.
La sexualidad le da valor tanto al hombre como a la mujer si es el
temor a Dios, al verdadero Dios, el sentir de ellos. El dimorfismo sexual no
toma lugar sino hasta la pubertad, es lo que afirman muchos médicos, pero se
equivocan, porque es desde el nacimiento que se puede presenciar una clara
diferencia. No solo la medicina nos enseña las claras diferencias entre hombre
y mujer, diferencias que no son lo mismo que desigualdades, pero si nos hablan
de complemento, porque dos iguales no se complementan como dos seres totalmente
diferentes.
La perversión ha deformado el valor de una mujer, vulnerando su
integridad, pero Dios es tan bueno y su misericordia es tan grande que no
rechaza a quien en verdad se arrepiente de su maldad.
Si una mujer ha sido degradada por la vergüenza del pecado, puede tener
la completa seguridad de que Dios, su Creador, no la rechazara si en verdad
cree en lo que El ya hizo en la cruz del calvario, morir por nuestras culpas.
Es la salvación de la ira de Dios el regalo de Dios, dado por medio de la fe en
Jesucristo, el único camino que puede darle dignidad a la mujer. No solo a la
mujer, también al hombre.
[1] Centro Mohammed VI para el dialogo de civilizaciones (2016). Asma Lamrabet. Coquimbo (Chile)
[2] Christie, B. (2017). Un
libro para ellas. Editorial ANAGRAMA. Barcelona. Página 180.
[3] Vargascarrreño Hernán (2017). Como llama que se eleva. Ediciones
Exilio. Bogotá, Colombia. Página 411.
[4] Jostein Gaarder. Editorial las 3 edades.
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