El reconocido filósofo político Nicolás Maquiavelo con respecto al
pueblo y al estado afirmó en su libro el Príncipe:
“la finalidad del pueblo es más honesta que la de
los grandes, queriendo éstos oprimir, y aquél no ser oprimido.”
El estado quien debiera ser el promotor principal del orden en la
sociedad es quien actualmente está siendo el mayor causante del desorden y el
caos en la sociedad, porque en vez de gobernar con la ley lo hace por su propio
credo y es tan descarada esta entidad que termina arrojando la pelota de la culpa
de sus errores al pueblo, cuando la verdad es que los principales responsables
son ellos mismos, debido a que son quienes el pueblo ha puesto para evitar el
caos.
Los corruptos que ahora son políticos y mantienen un poder ejecutivo, legislativo o judicial alguna vez fueron parte del pueblo y quizás hasta se quejaban de quienes los representaban en ese entonces, pero nunca tuvieron convicción de la maldad que ejercía el estado, por lo que no solo se dejaron contaminar rápidamente de la corrupción sino hicieron que otros cometieran sus mismos pecados.
El pueblo debe entender con completa convicción el pecado, la justicia y el juicio de Dios a fin de que se arrepienta del mal camino en el que está dirigiéndose y empiece a clamar a Dios para que sea El quien restaure su tierra. Solo así, cuando cada uno asuma su culpabilidad delante de Dios y se arrepienta, creyendo verdaderamente en Jesucristo, es que en esta sociedad puede llegar a germinar la Paz. Esa Paz que abre camino a la guerra contra la apostasía, el pecado y la maldad.
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