Los profesores parecen preocuparse más por la asistencia de sus estudiantes, su puntualidad y, demás valores que carecen de importancia, que por la enseñanza. Un estudiante no se le debe obligar a ir a clase, ni amenazársele con notas, porque se estaría formando a un esclavo, no a una persona libre. La libertad se expresa aun en este sentido, de ir a clase, porque se va a clase por interés, no por simple obligación. Es así con aquellos que hemos recibido el regalo de la salvación, nosotros le obedecemos porque le amamos no porque se nos obliga. Dios quiere que le sigamos voluntariamente, por lo tanto ¿Por qué obligar a las personas a simplemente asistir en vez de motivarles a venir? Si los profesores no se preocuparan tanto por la asistencia y empezaran a pensarse más en la educación, entonces sus estudiantes no desertarían tanto como lo hacen actualmente. Pero esto no significa que se le deba entretener a la juventud sino que se le debe enseñar con pasión.
C. S. Lewis, poeta y
novelista británico, en respuesta a una carta que le escribió una de sus
lectoras llamada Juana, escribió el 11 de agosto de 1959:
“… ¡Que idea
tan curiosa que tienen en Florida, dar créditos no por lo que sepas sino por
las horas que pasas en el salón de clases!¡ Es como juzgar la condición de un
animal no por su peso o contextura, sino por la cantidad de carne que se
come!...”
Podríamos pensar, por
ejemplo en un hipopótamo, enorme y gigante, mucho más peligroso que un león,
pero no come carne como lo hace el león porque es herbívoro. Es así la escuela.
No por asistir a clase se es el más inteligente.
El producto del
sistema evaluativo son las notas o calificaciones, regidas bajo unos estándares
de juicio. Las calificaciones son un juicio valorativo que pretende conducirnos
en unas categorías diseñadas por este sistema de corrupción.
Las evaluaciones y
calificaciones son lo más subjetivo que puede existir ¿Cómo es posible que una
persona irracional, subjetiva, sin un entendimiento veraz me evalué con
objetividad? No es posible que una persona evalué a otra de forma constructiva
porque el sistema evaluativo de nuestra sociedad destruye a un ser que se está
formando para convertirlo en uno que el sujeto evaluador espera. Este sistema
educativo es un sistema de inmoralidad que no tiene el derecho de juzgar a
nadie, por lo tanto no podemos estar a favor de la calificaciones ni de las
notas, sino repudiarlas no participando de esta clase de juicios.
Los profesores se han
convertido en jueces de sus estudiantes y, los estudiantes, en prófugos de la
justicia, siendo el resultado una total desesperación y frustración de parte de
ambos, pero principalmente del estudiante porque se le ha impuesto un miedo y
una tristeza al no conseguir esos estándares de calificación y una satisfacción
y confianza al alcanzarlos. Que absurdo que el fin del hombre se haya reducido
simplemente a unas notas. Esto si que no tiene sentido. Cuando el verdadero fin
del hombre es “teme al Señor y guarda sus
mandamientos”. Solo Dios puede mostrarnos el verdadero camino que debemos
seguir.
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