La inclusión busca que todos los estudiantes
independientemente de su situación personal, social y cultural reciban una
atención apropiada y pertinente que responda a sus necesidades, pero aún
existen instituciones que siguen conservando un modelo educativo excluyente al
ignorar las necesidades de las diferentes poblaciones.
Los adolescentes de la posmodernidad andan
totalmente desorientados en su sexualidad, ideología y credo, es decir no
tienen identidad, por lo tanto no nos corresponde rechazarlos sino cobijarles,
abrazarles y guiarles al Señor quien les puede dar verdadera identidad. Por
esta razón es que escuchamos decir a muchos ¿usted no sabe quién soy yo? Porque
andan buscando su propia identidad en la gente, en el dinero, etc.
La familia es el primer responsable, ante Dios y
ante la justicia, de sus hijos, porque son ellos quienes deben velar por su
integridad, en vez de guiarles a la deshonestidad, a la fornicación, y al
simplismo. En los adolescentes con discapacidad, es importante, para tener en
cuenta, que entendamos el concepto de discapacidad y así no errar en nociones
falsas.
El concepto de discapacidad física, en la
actualidad, es producto de una construcción social que ha sido vista desde
distintos puntos de vista y que ha tenido facetas en donde se veía como
maldición o don de los dioses, trayendo en la actualidad la misma mirada a la
persona con discapacidad: con su deficiencia o habilidad especial. Siendo este
concepto errado, un verdadero engaño, que proviene de la sabiduría terrenal,
animal y diabólica porque este concepto es construido en celos amargos y
rivalidad buscando alimentar la soberbia de la persona con discapacidad o del
otro, pero la verdadera sabiduría, la que proviene de lo alto, nos enseña, que
todos necesitamos a Jesucristo en nuestra vida porque solo en Él tendremos la
fe y autenticidad para ser sembradores de paz (no de esa paz que ofrece el
sistema sino Dios).
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