Los derechos humanos se refieren a todo lo que por ley tiene acceso un ciudadano. Algunos consideran que los derechos humanos al igual que el dinero hacen la libertad.
En Colombia se establecieron los derechos en torno a un pensamiento
eurocéntrico y una intervención constante de la religión católica. La misma
religión que puso su cúpula sobre los cuerpos muertos de muchos indígenas.
En cada nación del mundo se han establecido derechos en torno a un
pensamiento religioso. Los cadis, en la religión musulmana, fundamentan su ley
en la religión así como lo hicieron los católicos con la constitución de 1886.
La Ley verdadera, aquella que no ha sido corrompida por la religión, es
buena. Esta Ley es reverenciada y admirada, pero, tristemente, no es cumplida.
¿Cuál es esta Ley? Es la Ley de quien es inmutable, es la Ley de Dios.
Las leyes han ido cambiando pero los corazones de los seres humanos
siguen siendo los mismos. La constitución de 1991 habló de libertad, pero bajo
una ideología neoliberal, entonces ¿Qué necesitamos?, ¿más leyes?, ¿reformas?,
o más bien ¿una completa transformación social? Pero ¿cómo es que puede surgir
una transformación social en un entorno totalmente corrompido?
Muchos escritores se han envanecido tanto en su estética escritural que
ya no les importa lo que cuentan sino solo el cómo contarlo. Pero se equivocan,
porque es importante tanto la esencia del mensaje como la forma en que se
comparte.
Las llamadas fuerzas hegemónicas constituidas por religiones y políticas
solo hacen daño, aunque contengan discursos atractivos. No podemos seguir
esperando a que los demás hagan por nosotros, es necesario empezar desde
nosotros una verdadera transformación social. El socialismo no es la respuesta
a los desastres sociales actuales, sino es solamente Jesucristo.
Existe una frase populi que dice “no
hay muerto malo”, entonces ¿todos los que han muerto fueron buenos hombres?
¡Mentira! La bondad no nace en el corazón del hombre, por lo tanto la
transformación no puede provenir del ser humano sino solo de Dios.
La pregunta frente a los sucesos que ocurren en nuestro entorno surge
una vez más: ¿el origen del conflicto armado hay que buscarlo en la
ineficiencia del estado? Acaso ¿las tierras son del estado? ¿La violencia surge
a partir de la ausencia del estado? Esta diosificación hacia el estado es parte
del verdadero problema. La culpa de todo no la puede tener el estado. Tú y yo
también somos culpables delante de Dios, por cuanto hemos hecho lo malo o no
hemos hecho lo que a Dios le agrada.
La ley del hombre es perversa porque ha sido manipulada bajo intereses
propios, por lo tanto, el dilema de matar
bajo la ley o fuera de la ley es completamente resuelto cuando entendemos
que en la ley de Dios siempre el asesinato será pecado. Mas no solo el
asesinato sino todo lo que está en contra de la Palabra de Dios es pecado. Y el
pecado hace mucho más daño de lo que nos imaginamos.
La guerra nunca ha sido beneficiosa para quien la desea sino es un arma
letal que no tiene aliados, no respeta ni a los más vulnerables, como a los
niños y mujeres, sino a todos mira con desprecio. Es el amor el único enemigo
que la guerra no ha podido vencer, ni lo hará, porque el amor ya venció y lo
hizo en una cruz hace más de dos mil años.
El anterior texto ha sido extraído de la serie de libros de Educación de JUMVE que puedes encontrar en el siguiente link: https://juventudmasquevencedora.blogspot.com/p/libros.html
Comentarios
Publicar un comentario