El Señor, quien es el autor de las Escrituras, nos dice gozaos profundamente. Desde lo más adentro de nuestra mente, de nuestro corazón, de nuestros pensamientos debemos estar totalmente gozosos, disfrutando del Señor, cuando estemos en una, dos, tres, o varias pruebas diferentes. Las pruebas son circunstancias que se comparan al fuego, purifican el alma aunque producen dolor, o al viento fuerte que hace caer las hojas secas y las ramas que no llevan fruto, sino están marchitas, en nuestra vida. Estas pruebas, aunque en su momento no nos lleven a una efímera alegría debemos soportarlas con un gozo profundo que solo puede emanar de Dios.
La sabiduría y la ciencia van ligadas, una con la otra, porque es
verdadero conocimiento lo que significan. Y este conocimiento verdadero es dado
por Dios a quienes le temen porque “el
principio de la sabiduría es el temor de Jehová” Proverbios 1: 7, es por
tal razón que no podemos considerar como sabio a quien no conoce al verdadero y
único Dios, es decir a quien no se ha arrepentido de sus maldades y ha creído
en Jesucristo.
La sabiduría hace parte del camino del que ha nacido de nuevo. Es
necesario que la anhelemos y que la pidamos continuamente a Dios. Salomón
comprendió que necesitaba sabiduría, prefiriéndola antes que riquezas, fama y
venganza y Dios lo bendijo en gran manera (lea 2 Crónicas 1:10-11). Así mismo
debe ser nuestro proceder. Pidámosle sabiduría a Dios reconociendo con humildad
que en verdad nos hace falta.
Tengamos mucho cuidado con lo que decimos porque, aunque lo digamos por
ignorancia podremos pecar si lo que decimos es mentira, y aún más si mentimos
acerca de Dios. Debe quedarnos claro que, aunque Dios permita la tentación Él
no es quien nos tienta, sino es el diablo, la carne y el mundo, porque la
tentación no proviene de Dios sino del mal.
Tanto la tentación como la prueba son dos circunstancias que Dios
permite que se nos presente para que nuestro carácter sea formado conforme al
carácter de Jesucristo. Cuando estemos en momentos de prueba pensemos en
ejemplos como Job que no se dejó llevar por las circunstancias sino en medio de
la fuerte tormenta dijo “aunque Dios me
mate en El esperare”, o en medio de la tentación recordemos a José que huyó
sin prestarle atención a la mujer de Potifar que buscaba seducirlo para hacerlo
caer. Recordemos que al final Job fue recompensado en esta tierra con el doble
de sus posesiones y muy seguramente le esperan coronas de vida, igual que José
quien asimismo recibió de Dios el gobierno de Egipto por confiar en el Señor.
“No podemos evitar que un pájaro vuele sobre
nuestra cabeza pero sí que haga un nido sobre ella” (Martin Lutero)
De esta manera trabaja la tentación, como un pájaro que vuela sobre
nosotros, por lo tanto, no existe excusa razonable para caer en ella, porque el
Señor, nuestro Dios Todopoderoso, en su amor inagotable, nos da la salida de la
tentación para que podamos soportar.
En el transcurso de la vida de cada persona es evidente que su bella
apariencia se irá perdiendo. A eso que no es duradero se le ha llamado vano o
pasajero. La banalidad, por tal motivo, no debe ser el enfoque central de
nuestra vida porque aquel estado de riqueza material tiende a desaparecer y
quienes confían en las riquezas perecerán con estas debido a que su estado de
felicidad fue de total dependencia al dinero.
La hierba carece de un tallo fuerte y leñoso por lo tanto es endeble,
fácil de arrancar de la tierra. Así mismo son comparados los ricos con su
riqueza: vánales y efímeros porque tanto ellos como sus riquezas pasaran, no
permanecerán. Pero el consejo dado a ellos no es precisamente el de dar su
dinero a los pobres, no es ser caritativos, ni nada semejante a esto sino es
humillarse ante Dios. Ante Dios estamos en la misma condición y con la misma
necesidad de salvación toda la humanidad.
Aquel que es pobre y es hermano, es decir, cree en Jesucristo, no debe
sentirse triste sino alegrarse porque Dios lo ama, y le tiene una gran promesa
esperándole. Conocer el amor de Jesucristo es el verdadero conocimiento.
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