La enseñanza y no la psicología es el principal oficio del profesor. Él es un sujeto que debe usar la pedagogía, la ciencia de la educación, para formar a un sujeto en el buen conocimiento. En cambio la psicología no se preocupa por el conocimiento, sino por los sentimientos, formando sujetos ignorantes que solo se preocupan por hacer lo que “su corazón les dice”.
“Nada hay tan engañoso como el
corazón.
No tiene remedio.
¿Quién puede comprenderlo?”
Jeremías 17: 9 (NVI)
El corazón, en referencia a nuestros sentimientos,
y aun nuestros pensamientos pueden engañarnos, esta es la razón por la que
necesitamos aferrarnos a la Palabra de Dios porque es Verdad, es poder de Dios,
es incomparable, es Única. Como educadores debemos someternos a Dios, humillarnos
ante nuestro Creador, dejando a un lado la arrogancia que podemos tener a causa
de nuestros vanos conocimientos, arrepintiéndonos ante nuestro Dios, rogando
que su misericordia demostrada en la Cruz nos abra los ojos, si es que aún
estamos cegados, para entender sus maravillas.
Siguiendo el Camino nuestros sentimientos serán
los mejores pero siguiendo nuestros sentimientos nuestros caminos serán los
peores.
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