La palabra maestro no es cualquier palabra, pero en la historia podemos ver como se ha usado a la ligera sin comprender su verdadero significado. Han habido diferentes concepciones en su configuración a través de los años. El modo clásico lo entendía como “un artista de un ser inmortal y libre”, “un noble obrero del progreso”, pero también fue considerado bajo el pensamiento católico como apóstol católico tradicional.
En el modo moderno el maestro se ha concebido como
un sujeto que debe observar, medir y analizar los datos del grupo,
transformándose en un sujeto que forma a personas para la industria, y es quien
modifica e higieniza la cultura popular. Y en el modo contemporáneo se le
atribuye un saber pedagógico para una sociedad multicultural.
Las atribuciones y concepciones hacia el maestro
han sido muchas, pero en todas se ha errado e ignorado el significado
verdadero, asi tambien ha pasado con la educación en donde el concepto ha generado
infinidad de desacuerdos a causa de los muchos pensamientos del hombre, pero
solo hay una verdad.
“Muchos pensamientos hay en el
corazón del hombre, pero el consejo de Jehová es el que permanece.” Proverbios 19: 21 (RVR 1995)
El consejo del Señor sobre la educación que
debemos brindarles a nuestros niños es enseñarles el camino que de antemano fue
preparado por Dios para ellos. Este sendero forma y desarrolla integralmente a
todo ser humano que lo transita.
“Enseña al niño el camino en que
debe andar,
y aun cuando sea viejo no se apartará de él.”
Proverbios
22: 6 (LBLA)
El
verdadero maestro que debe guiarnos como cristianos al verdadero aprendizaje no
es el padre ni el buen profesor sino es Dios mismo, porque de no ser Dios será
la mentira nuestra guía. Jesús mismo, nuestro Maestro, nos recuerda que no
somos mejores que otros, todos como iglesia somos hermanos.
“Pero ustedes, no permitan que
nadie los llame “Rabí”, porque tienen un solo maestro y todos ustedes son
hermanos por igual.” Mateo 23: 8 (NTV)
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