La palabra adolescente etimológicamente significa “el o la que está creciendo”, siendo una clasificación que muchos teóricos no aprueban por su estigmatización. Aun así es importante entender que en todo ser humano existe una etapa de adolescencia, la cual comienza en la pubertad, porque es allí, comúnmente, donde el ser humano empieza a cuestionarse y a altercar en la búsqueda de su propia identidad.
La adolescencia es una etapa de transición de la
niñez a la edad adulta y está totalmente ligada a la pubertad del sujeto. El
término pubertad viene del latin “pubescere”
que significa “cubrirse de pelos”. Es un periodo de los 11 a los 18 años
aproximadamente en donde la persona sufre modificaciones en el organismo que
conducen a la morfología de adulto y a la completa maduración del aparato
reproductor (caracteres sexuales primarios y secundarios, como pilosidad,
senos, caderas, etc.)
La pubertad o adolescencia es una etapa del
desarrollo neuronal en el hipotálamo mediobasal, más específicamente en las
regiones arcuata y ventromedial, en donde las neuronas sintetizan y secretan un
factor liberando la hormona del crecimiento. La actividad secretora gonadal se
encuentra inhibida en el periodo prepuberal por una acción frenadota del
hipotálamo, pero esta acción va desapareciendo para adquirir las propiedades
funcionales del adulto.
Según modelos neuroevolutivos, durante
la adolescencia se produce un desequilibrio entre el nivel de
maduración de ciertas estructuras cerebrales; esa maduración se produce
por áreas: cuando somos infantes primero adquirimos los sentidos, luego el
movimiento y orientación espacial para finalizar en torno a los 25
años con las funciones ejecutivas. Ese desequilibrio, en esta etapa, trae
como consecuencia que el sistema nervioso se vea afectado mayormente por la
interrelación entre los factores biológicos y los ambientales llevando a la
aparición, en muchos casos, de los trastornos por ansiedad, los afectivos, la
psicosis (incluyendo la esquizofrenia), el abuso de sustancias y los trastornos
de la conducta alimentaria.
El desarrollo del sistema nervioso en la
adolescencia depende, básicamente, de tres procesos físicos:
1- La
proliferación: el rápido crecimiento neuronal-glial y la formación de nuevas
conexiones sinápticas.
2- La
eliminación selectiva o poda de las sinapsis menos eficientes (morbilidad).
3- La
mielinización que envuelve los axones para facilitar y hacer más rápida y
estable la transmisión neuronal entre diferentes partes del sistema
nervioso.
Aunque estos tres procesos estén involucrados en
las demás etapas del ser humano existen unas variables en la adolescencia que
la diferencian, en algunas partes del sistema nervioso, como es en la corteza
prefrontal. La corteza prefrontal (se encarga de las funciones
"ejecutivas", de alto nivel, durante el proceso cognitivo) entre los
10 y 12 años sufre un agrandamiento seguido por una dramática disminución a los
20 años (esta edad es un estándar, no es exacta). Entre otras cosas, este periodo de cambio, conduce
al desarrollo en el ser humano de habilidades cognitivas al servicio de planes
en detalle, para ejecutarlos y bloquear las acciones irrelevantes.
Probablemente esto es debido a un crecimiento de las conexiones neuronales,
seguido por una etapa de poda, en la que se pierden las conexiones establecidas
que ya no se necesitan.
Este desarrollo del sistema nervioso en la
adolescencia está en un nivel muy acelerado porque no solamente el lóbulo
frontal se modifica sino también todo el cuerpo calloso que conecta ambas
mitades del cerebro (relacionado con la creatividad y la habilidad de resolver
problemas) y, aun, el cerebelo que tiene que ver con la coordinación de los
músculos y del proceso cognitivo-social.
Si la actividad física, las habilidades sociales y
el proceso cognitivo son estimulados, el desarrollo del cerebelo es mayor, por
lo tanto esta etapa no se puede descuidar sino estimular en las artes y el
deporte principalmente.
Aproximadamente de los 8 a los 18 años, la
sustancia gris (de la que está constituido el cerebro en un principio) se va
convirtiendo en sustancia blanca, con el fin de perfeccionar las facultades
cognitivas, la capacidad de lectura, de estudio, de memoria, etc.
La adolescencia es un proceso de maduración, los
lóbulos parietales, encargados de la coordinación, son los que maduran primero,
después las áreas que procesan los estímulos sensoriales (visual, motora,
auditiva), continúa en los lóbulos frontal y temporal, cuya función están dadas
en los procesos cognitivos y emocionales y
finalmente la corteza prefrontal (impulsos, el juicio y la toma de
decisiones). En el sexo femenino maduran más rápidamente las regiones de la
corteza frontal, que procesan el lenguaje, el control de riesgo, la
agresividad, y la impulsividad. En cambio, en el sexo masculino maduran más
rápidamente las regiones del lóbulo inferior parietal, cruciales para las
tareas espaciales. También, en este proceso, el hombre y la mujer se van diferenciando
en el desarrollo del hipocampo y la amígdala cerebral, contribuyendo a las distinciones
de desarrollo cognitivo y social durante la adolescencia.
El cerebro adolescente es inestable por los
continuos cambios que permiten el paso del cerebro infantil al cerebro adulto,
aun así la crisis de la adolescencia no es dada por los cambios naturales sino
principalmente por las influencias sociales y de propias experiencias sobre un
cerebro naturalmente vulnerable ya que solamente los seres humanos estamos
permanentemente abiertos a las influencias de la educación, la relación con los
demás y propias decisiones. El cerebro permanece expuesto a cambios toda la vida,
dependiendo de las experiencias, decisiones y convicciones que vayamos
asumiendo.
El desarrollo neuronal en la adolescencia es
estimulado por un entorno que en verdad pueda responder a los cuestionamientos
que va formulando, por lo tanto el entorno del adolescente en verdad influye en
su desarrollo neuronal porque es este el que va dándole respuestas a sus
inquietudes a fin de que sus funciones ejecutivas sean habilitadas con un
enfoque, una meta u objetivo que este ser humano ha adquirido.
La adolescencia es la etapa en que las emociones
en las decisiones racionales aún está madurando, y se establecen los circuitos
que permiten la memoria autobiográfica (en la zona prefrontal medial),
imprescindible para la formación de la propia identidad. Esta onda de
maduración puede seguir su dirección y ritmo natural o cambiar al recibir el
impacto con las experiencias de diferentes personas, situaciones y conductas.
La adolescencia es una etapa a nivel neuronal muy
importante para el funcionamiento estable de las funciones ejecutivas del
sistema nervioso, por lo tanto en este proceso deben fomentarse las habilidades
creativas.
El desarrollo cognitivo del adolescente es
afectado en gran medida por la educación y por los factores pedagógicos, pero algunos
de estos factores han llevado a este ser humano a una peor orientación frente a
su identidad, como son: métodos didácticos inadecuados, ubicación no
correspondida en curso o colegio; pero no solo en la educación formal sino en
la familia, en su barrio y en la Iglesia, es bueno preguntarse en todos estos
entornos ¿ en qué curso o en que colegio
es más conveniente que estudie para su desarrollo funcional?¿la Iglesia está
valorando los dones y talentos que Dios le ha dado y le explica con claridad y
en amor la Biblia promoviendo un espacio de aclaración en sus dudas? Y creería
yo que aunque no tenga un colegio agradable, o una iglesia como la Biblia
estipula, es decir, una que busca la edificación de unos con otros, es
importante que en su familia exista un verdadero confort, refugio, y
crecimiento a nivel integral (corporal, emocional y espiritual). Y hablando de
familia me refiero principalmente a familia espiritual, a aquellos que aunque
no sean tus padres o hermanos biológicos están contigo para escucharte, para
que los escuches, en conclusión, para que te edifiques con ellos a fin de poder
tener una función ejecutiva con la meta clara en Cristo Jesús, Señor y Dios
nuestro.
Para muchos niños que empiezan su etapa de
adolescencia, algunas de las cosas que más les choca son: el mal
aprovechamiento del tiempo libre, una metodología pedagógica inadecuada a su
propio contexto, hábitos de estudio aburridos, experiencias deficientes de
aprendizaje académico y las pocas posibilidades de tener experiencias que se
salgan de lo “establecido”[1].
Por lo tanto es importante promover una educación que sea agradable, no
estricta en su didáctica sino solo en el contenido de su mensaje (el mensaje de
la Biblia) para que en verdad sea entendida porque el mensaje que el Señor nos
dio fue sencillo en su enseñanza, no religioso ni repetitivo, debido a esto,
enseñemos con agrado dejando a un lado toda pretensión.
El sistema nervioso periférico, que es el que nos
da información acerca del mundo externo, puede afectar en gran medida al
sistema nervioso central (medula espinal, el tallo cerebral, y el cerebro) por
un ambiente inadecuado para el desarrollo natural del cerebro. Por esto es
importante tener en cuenta, una vez más, no solo al individuo sino también su
entorno y ambiente ya que son estos los que determinaran, en gran medida, su
desarrollo integral.
Un consejo que cada adolescente debería recibir en
esta etapa que esta atravesando nos la da Dios en el libro de Eclesiastés,
escrito por el rey Salomón:
“Alégrate, joven, en tu juventud,
y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos
de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas
te juzgará Dios.
Quita, pues, de tu corazón el
enojo, y aparta de tu carne el mal; porque la adolescencia y la juventud son
vanidad.”
Eclesiastés 11: 9-10 (RVR 1960)
[1] Este “establecido” hace
referencia a hábitos, conductas o acciones que se han convertido de una
tradición a una doctrina humana llegando a ocupar en la sociedad el mismo y,
hasta en ocasiones, un mejor lugar que la Biblia.
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