Educar a las personas por medio de estímulos y castigos no genera en
ellos verdadera conciencia sino solo un qué hacer y un qué no hacer que se
fundamenta simplemente en estímulos y castigos. Por ejemplo, - no voy a robar porque me voy a la cárcel-,
es la respuesta de quien ha sido educado bajo el conductismo, mas quien en
verdad ha recibido auténtica educación responderá que no robara porque aquello
es desagradable primeramente ante Dios, este hecho ocasiona daño a toda una
sociedad y genera un despropósito en sí mismo. Quienes siguen tradiciones sin
sentido también han sido educados bajo el conductismo, la tiranía, y la
domesticación.
Las personas no son animales, aunque lo digan científicos que pareciese
que no han sabido usar el conocimiento, porque no han entendido, aunque
conozcan mucha información, y esto sucede ya que conocer no es lo mismo que
entender. El entendimiento que nos permitirá generar educación que genere
libertad en nuestros educandos solo será posible cuando dejemos de pensar que
debemos educar para controlar y nos acerquemos a Dios para que nos de
entendimiento para educar con sabiduría.
El famoso escritor y psicólogo Dostoievski, en su libro crimen y
castigo, nos plantea como las personas son controladas a no cometer crímenes
simplemente por el castigo. Es como si dijéramos que los profesores han sido
cambiados por policías, porque el ser humano desea hacer el mal, solo que las
leyes no lo dejan. Es esa la educación en la que la mayoría se ha formado, si
es que pudiéramos hablar de formación. Mas Jesucristo vino a darnos nueva vida,
para que creyendo en El nuestros pensamientos no fueran los mismos, sino
pasáramos de la corrupción a ser santos, en el sentido de ser separados para
él, a fin de que el Espíritu Santo, la tercera persona de la trinidad, sea
nuestro Maestro quien nos guie en ese camino de santificación y de cambio
progresivo que nos dirige a la santidad. Solo en Jesucristo podremos entrar
confiadamente al trono de gracia, en la presencia de Dios, porque él es el
camino al Padre. Y es que la Trinidad (Dios en tres personas, Padre, Hijo
(Jesucristo) y Espíritu Santo) nos educa para la eternidad, por eso debemos
escuchar la Palabra de Dios, meditarla en nuestro corazón y ponerla por obra.
Porque la educación no se genera de
afuera hacia dentro, sino de adentro hacia fuera, desde nuestros pensamientos
y solo Dios puede transformar nuestros pensamientos.
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