Son interesantes los muchos conceptos que existen
de infancia alrededor del mundo, en diferentes culturas y tiempos, muchos de
los cuales han sido desarrollados por la escuela. Pero los niños siempre han
existido aunque el concepto de infancia no, por lo tanto pensaremos en los
niños más que en la infancia, pensaremos en el ser humano más que en su
conceptualización.
La educación en primera infancia es muy
importante, aunque no es la más transcendental, porque todas las etapas del ser
humano son igual de significativas y distintas unas de las otras.
El niño necesita amor y afecto para su desarrollo,
el amor de sus padres, de sus hermanos, de su entorno, y principalmente el amor
de Dios en su vida, porque el amor verdadero proviene de Dios, quien demostró
cuanto nos amaba dando “…a su Hijo
unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida
eterna” Juan 3: 16 (NVI).
Los niños de cero a seis años están en un proceso
de aprendizaje esencial para el control de su motricidad fina y motricidad
gruesa. Es una etapa en la que los padres y los educadores deben instruirlos
por medio de la estimulación al arte, al amarrarse los zapatos, a hablar, etc.
Y para los niños con discapacidad no se les debe excluir de este proceso sino
deben ser estimulados de todas las maneras posibles a que también desarrollen
su motricidad fina y gruesa.
Los niños hay que dejarlos ser niños y no
impedírselos. Mas la institución los ha obligado a contenerse, a intimidarse, a
confundirse, y aún más cuando los padres no son padres. Ser padre no es un
juego es una responsabilidad que aun nuestro mismo estado debería castigar a
quienes siendo padres no lo son, es decir que no asumen con responsabilidad y
en amor su función paternal porque la educación inicial en la institución es
responsabilidad primeramente de los padres.
Un profesor debe preparar bien la clase, tener un
buen saber pedagógico didáctico y lúdico y, mayormente, tener disposición y
deseo en el desarrollo integral de sus estudiantes. El juego, en primera
infancia, no debe ser menospreciado sino todo lo contrario, apreciado, porque
es el medio en el que podremos estimular de manera lúdica la motricidad del
niño, su expresión corporal, el respeto por sus compañeros y por su profesor, y
su formación integral, teniendo en cuenta que cualquier niño, independientemente
de su condición o contexto sociocultural en el que ha crecido necesita afecto y
amor para su desarrollo integral.
En las instituciones educativas de primera
infancia (párvulos, caminadores, pre-jardín, jardín) ha habido infinidad de
propuestas en torno a su sistema educativo concluyendo con una gran diversidad
de modelos educativos. Y aunque no es mi intención escatimarle importancia a la
diversidad de jardines debido a que pueden ser posibilidades para educar con
integridad presento las siguientes propuestas en todo tipo de instituciones en
primera infancia:
-
Proveer una atención integral y de
mejor calidad a los grupos más desfavorecidos en vez de una igualdad de trato
que los perjudique.
-
Poner énfasis en factores concebidos
como globalizantes, que inciden en el desarrollo del niño (causas
socioculturales, psico-sociales, de estimulación).
-
Una mayor formación de la asistencia
integral del preescolar, de 0 a 6 años, procurando que el educador formal e
informal sean los padres en cuanto ellos sean capaces de enseñar y formar a su
hijo.
-
Incentivarlos no solo en la lectura y
en la escritura, sino en el arte, en el dialogo, en el respeto y en la amena
convivencia
-
Instruirles en principios bíblicos, de
manera no religiosa sino veraz, educativa, en pro de la formación integral en
vez de a la manipulación.
-
Generar gusto en los estudiantes por
la ciencia, la inteligencia y la sabiduría a través de lúdicas que promueva en
ellos la dicha y no la desdicha del saber.
-
El gobierno debe dar licencia a los
padres para que estén con sus hijos de cero a cinco años en la escuela que
podríamos llamar “escuela de padres e hijos”
-
A los padres se le debe enfatizar el
cuidado y responsabilidad hacia sus hijos
Las instituciones que han asumido la educación de
niños de 0 a 6 años deben ser conscientes de su responsabilidad estableciendo
normas de convivencia y que dejen claro la diferencia entre profesor y
estudiante a fin de que los profesores puedan ser respetados como autoridad,
por lo tanto el profesor no debe ser cualquiera sino uno integral que sea
coherente entre sus dichos y hechos, y no un hipócrita, porque es el profesor
al que el niño tomara de referente en la institución, más que por lo que dice
por lo que hace.
El niño preescolar debe estar menos tiempo en la
institución y más tiempo con sus padres. Así también es necesario tener en
cuenta que ni el padre ni mucho menos el profesor deben obligar al niño a ser
integro sino deben instruirlo, siendo diferente obligar a instruir porque en el
primero hay tiranía mientras en el segundo amor, teniendo en cuenta también que
Dios no tiene nietos sino hijos, por lo tanto un padre o una madre cristiana no
pueden pretender sumirse en el ideal de que su hijo es cristiano por el hecho
de que él o ella lo son, ya que cada uno debe elegir, independientemente de su
contexto, seguir a Cristo o rechazarlo.
El reflejo de amor hacia nuestros niños es el
interés y la preocupación por como son nuestros hijos e hijas, como se
desarrollan mentalmente, como podemos intervenir cerca de ellos, cultivar sus
sentimientos, comunicarnos con ellos, educarlos, etc. El desarrollo educativo
en niños es mucho más amplio que una educación escolar, se refiere a la
adquisición de hábitos de estudio, al respeto por las normas de convivencia
social, etc.
Han existido diferencias en la manera de criar y
educar a los hijos. Muchas de estas diferencias han sido inducidas por el
clima, la alimentación, el hábitat, la economía, las prácticas medicinales, el
tamaño de las familias, el gobierno, etc. Es la cultura, ciertamente, la que
está dirigiendo a muchas instituciones educativas de nuestras naciones, y esto
es lamentable porque nuestra cultura va cada vez más siendo un conocimiento de
frustración, de confusión y de desesperación.
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