Mi pregunta hacia la universidad pública está sustentada en su pliego de peticiones que por años han hecho. Así lo demuestra, por ejemplo, el “I foro interno frente a la crisis de la universidad” que fue escrito en 1985, es decir, hace más de 30 años.
En este foro, desarrollado desde el día 30 de Julio al 02 de agosto de
1985, se reconoció lo importante que era estructurar una nueva política
académica y la situación económica, social y política que vive el país y sus
repercusiones en la educación pública. Así mismo se exigió al gobierno central
mayor presupuesto para la universidad, con el fin de que este no sobreagüe
administrando la pobreza.
La universidad pública, a diferencia de la privada, depende económica,
política y socialmente del estado. Lo cual, en un estado social de derecho, la
tendría que hacer gratuita, accesible y de calidad, pero en un estado corrupto
tan solo es el reflejo del mismo.
La universidad pareciera ser un campo de batalla, más que de formación,
porque está rodeada de problemas, pero, como lo señaló la ASPU- Boyacá en su
documento “crisis de la universidad
pública. I foro interno” (1985), en sus primeras páginas:
“el análisis de estos problemas debe convertirse
en el primer intento de dialogo y de liberación inspirados en la idea de una
autonomía universitaria y de compromisos con los intereses nacionales”
La autonomía universitaria no puede entenderse como una independencia o
separación de la universidad con el Estado, sino como una institución que tiene
su propia organización, pero es parte del estado porque se sustenta del mismo,
económicamente, gracias al pueblo en general, con el fin de aportar en la
construcción social. Es esta la razón por la que la universidad pública está en
crisis, porque está siendo desatendida presupuestalmente por los diferentes
gobiernos.
La educación pública era la mejor del país, porque su inversión era
significativa. Así lo demuestra el documento de la ASPU (1985)
“…es bien notoria la diferencia entre los sectores
público y privado, ya que en el primero apenas hay un promedio de 12 alumnos
por profesor, mientras que en el segundo esta relación es de 25 a 1”
La cuarta parte, prácticamente, del presupuesto nacional era destinada
a la educación. Aun así, se hacía petición por mayor financiación. Así lo
manifestó el profesor Jairo Sánchez Acosta (1985):
los niveles de cobertura y calidad son
objetivos cuyo mejoramiento es deseable como principio general, pero ello no
debe impedir, de ninguna manera, la fijación de metas concretas sobre los
mismos. Los costos de la educación son indudablemente elevados, y su
disminución por la vía de modernización tecnológica e innovaciones pedagógicas
es posible pero limitada. Como bien lo han señalado muchos expertos, la
educación es básicamente un proceso artesanal intensivo en recursos humanos, y
los costos de estos últimos, particularmente en el caso colombiano, no sería
deseable ni conveniente reducirlos. [1]
La universidad Pública no puede seguir siendo controlada por la
burguesía sino, es necesario, que sea el justo administrándola bajo el
presupuesto nacional. Un presupuesto conciliado entre el mismo estado,
coherente a unas necesidades educativas actuales, de índole global y nacional.
Pero es imposible medirlo bajo una mirada poco crítica hacia nuestro sistema
educativo estatal.
La universidad pública pareciere empobrecer, en vez de enriquecer a
nuestra sociedad, porque no solo son pocos los que con mucho esfuerzo entran
sino que las condiciones no son del todo favorables sino precarias haciéndola
ver como un estamento abandonado y muy poco embellecido, totalmente
empobrecido. Y es este el ideal en que se es formado el educando, porque se
forma para pedir en vez de para dar. Si los estamentos nacionales, el estado en
general, hicieran “un sacrificio” y
le dieran a la educación lo que le pertenece, tendrían una sociedad con menos
suciedad, una que no solo recibe sino también da y, lo haría con alegría,
porque se sentiría recompensada y agradecida por un estado que en verdad la
reconoce.
La crítica a la burguesía es insuficiente si no precisamos una también
a la cultura colombiana y, aún más, enfáticamente a lo que ocurre dentro de la
universidad pública, porque como lo señalaron docentes de la universidad de
Antioquia:
“la crisis de la universidad no es solo efecto de
fuerzas externas sino también internas” [2]
La crisis central en la universidad pública al parecer no está afuera
sino adentro de la misma, por esto se hace necesario hacer una autocrítica o,
mejor, una autoevaluación que dé cuenta de sus problemas internos, con el fin
de, como decía el salmista y, me es necesario plasmarlo en este escrito:
“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
Pruébame y conoce mis pensamientos;
Y ve si hay en mí camino de perversidad,
Y guíame en el camino eterno.”
Salmos 139: 23-24
Para ser sincero es imposible pensar en una solución real y verdadera
en la universidad dejando a un lado a Dios, pues este ha sido el principal
problema de la universidad.
“Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas;
pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra
naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de
la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos
vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución
debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios,
Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen…” Romanos
1:26-28
Aunque en esta, como en todas las épocas, ha sido un problema para la
sociedad la ley, es mejor la ley que el pecado, porque al menos hay más orden
en la ley que en el pecado, pero sería más osado si hablare de la gracia en vez
de la ley, porque la ley solo cambia conductas, más la gracia transforma vidas.
Si la gracia gobierna en las universidades públicas en verdad que sería
transformada, siendo una fuente de ingreso, más que de egreso para la nación.
La universidad no puede estancarse, ensimismarse, ni seguir
estimulándose en luchas ilegitimas sino, como lo señaló el profesor Jorge Iván
Bula Escobar (2008)
…las universidades públicas orientadas a la
investigación tienen en frente un gran desafío para efectivamente mostrar y
convencer a la opinión pública y a la comunidad política de la importancia del
apoyo del estado a sus quehaceres investigativos y educativos, e incluso
también de la importancia del apoyo del sector privado en el impulso de la
investigación (Francis y Hampton, 199, p. 625). Magrath (1996, citado por
Weerts y Ronca, 2006) resume muy bien este desafío al referirse a las
universidades estadounidenses, cuando señala:
“Las universidades públicas deben ser
financieramente estables y gozar de la confianza pública para poder llevar a
cabo su misión vital como los centro de servicio intelectual y educativo para
América en el siglo XX1. Pero, para ganarse este apoyo, deben examinarse ellas
mismas (…) y entonces cambiar y reformarse para servir mejor a la sociedad”[3]
Las universidades públicas en Colombia, antes de realizar marchas y
protestar deben evaluar la legitimidad de su lucha y asimilar una postura más
propositiva que critica, siendo aliada del pueblo y no una piedra de tropiezo
para el mismo, buscando en últimas cuentas su emancipación y libertad de la
ignorancia, perversidad y todo aquello que, quien ha leído entiende, se llama
pecado. Esta libertad es solo posible en la fe en Jesucristo.
[1] Sánchez, J. (1985). Crisis de la Universidad Pública. I foro interno
frente a la crisis de la universidad pública.
[2] G.R.U.P.O. U. de A. La Universidad Pública: un problema difícil.
Documento para la discusión. Editorial Medellín. Página 86.
[3] Bula, J (2008). Financiación de la educación superior. Dilemas y
desafíos de la universidad pública colombiana para el siglo XXI. Universidad
Nacional de Colombia. Bogotá.
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